DICEN EN LOS PASILLOS… LA INTOLERANCIA DE ESNAOLA (PARTE II)



Una conducta para analizar un poco más profundamente

Seguramente, no se trató de un caso de hipoxifilia. La actitud del abogado Alberto Esnaola contra el periodista Gabriel Izzo debiera ser observada con más detalle y menos superficialidad, despojada de subjetividades, posicionamientos o fanatismos circunstanciales, sobretodo políticos.

Las emociones (negativas) a veces se canalizan a través de la violencia, como en este caso. Se menciona que fue una reacción, una «calentura», se le «soltó la cadena», intentando justificar el hecho.

Una persona ofendida o enojada, generalmente reacciona lanzando un empujón (a manera de rechazar la presencia del ofensor), una patada, una bofetada o una trompada  (con la intención de ejercer un daño, en mayor o menor escala).

Sin embargo, la reacción de Esnaola fue otra: le colocó las dos manos en el cuello y ejerció presión. Eso se llama «intento de asfixia o ahorcamiento por acción mecánica externa a nivel cervical» en criminalística. Como abogado, Esnaola debiera saberlo.



Sin aire

La compresión directa de la tráquea o laringea se denomina «asfixia» y los sinónimos de esta palabra echan un poco de luz al asunto: ahogar, sofocar, oprimir, apretar, ahorcar, estrangular, acogotar, agarrotar, apagar, extinguir, contener, neutralizar, impedir, dominar, aplastar. Los antónimos, más aún: respirar, oxigenarse.

No es una paradoja sino una clara exteriorización de un deseo profundo. Esnaola desnudó su intención de «dejar sin aire» al periodista Izzo, quien se gana la vida desde hace años como comunicador social desde su propia radio FM. «Dejar sin aire» a una persona que diariamente, «en el aire», analiza la realidad local.

Este intento de «alteración o interrupción significativa de la función respiratoria» tiene un efecto terrible si no hubieran separado al agresor: la mayoría de las personas mueren cuatro a seis minutos después de la parada respiratoria si no reciben asistencia.

Pero, a no exagerar. «Pinino» sólo estuvo en esa incómoda situación tan sólo por medio minuto: le faltaban tres y medio más para que comience a ponerse cianótico.



Sin arrepentimiento

Otro dato llamativo es lo que sucedió después. O lo que no sucedió. Esnaola, abogado y político de profesión, no se disculpó ante su agredido. Al momento de redactar esta crónica, han transcurrido 72 horas del hecho y el periodista, según contó, no fue ni siquiera llamado por teléfono por el agresor.

Dice la popular Wikipedia: «Los psicópatas no pueden empatizar ni sentir remordimiento, por eso interactúan con las demás personas como si fuesen cualquier otro objeto, las utilizan para conseguir sus objetivos: la satisfacción de sus propios intereses. Además los psicópatas tienen un marcado egocentrismo, una característica que pueden tener personas sanas pero que es intrínseca a este desorden».



Una frase muy escuchada

El episodio ocurrió al inicio de una reunión multitudinaria: cerca de un  centenar de personas se hallaba a las 20 horas del pasado lunes 10 de marzo en el recinto del Concejo Deliberante. No todos se percataron de lo que estaba ocurriendo, pero quienes estaban cercanos al edil y al periodista escucharon algo que va a traer cola: según confió el propio periodista Gabriel Izzo a este cronista, en medio de la trifulca, el concejal Esnaola habría lanzado una frase que configuraría claramente un delito de acción pública, como es el de amenazas. 

Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso
A %d blogueros les gusta esto: