7 de diciembre de 2018

OPINION: LA VIDA DE LOS OTROS por ESTEBAN RODRIGUEZ



La vida de los otros






Hoy es noche de tristeza en el alma, demoledora sensación de derrota inapelable se instaló en mi pecho, y  te escribo  pensando dejar testimonio del mundo corrompido por el poder de la riqueza acumulada, insaciable, desconsiderada.

Miserables hipócritas que niegan conocer lo que reprimen, con planificadas conspiraciones que someten a los habitantes de la tierra a sus designios. Traidores del género humano que utilizan los valores para fomentar el odio, comprando lo que sea necesario para mantener la maquinaria del privilegio.

Nadie se involucra, no hablo de la política partidaria. Nadie se involucra con el dolor de la injusticia, parecen todos adormecidos, sin valores, sin iniciativas, como si la vida pasara por otro lado, como si la angustia que tengo, sólo debería conducirme a la depresión, al suicidio. He sido muy obstinado, pero hay momentos en que dejo de creer y aparece la realidad; el fracaso como testimonio más cercano, sin atenuantes, me convierte en un estúpido, que trata de sostenerse en la decepción, sin terminar de convencerse que los caminos para recorrerlos uno debe querer caminarlos.

Un pensador hace unos cuantos años, sostenía irónicamente que a los argentinos nos convencían de que el estado no podía manejar los recursos energéticos, las comunicaciones y el transporte, y los cambiamos por bonos de la deuda externa devaluada en el mundo.

Al tiempo que en el mundo los estudios físicos realizados, durante la carrera armamentista y ante el peligro inminente de un enfrentamiento nuclear que destruiría el planeta, anticipaban que al finalizar la guerra, sin alimentos, ni abrigo, con una atmosfera enferma; el que restablezca las comunicaciones  seria el “vencedor”. Los magnates de las finanzas, invirtieron en armas jugando al límite del precipicio, instigando a la población mundial hacia el pánico, para debilitar al opuesto económico, exacerbar las desigualdades atacando los valores, deformarlos con placeres y marketing, hasta lograr la supremacía y someter a su enemigo a las decisiones que impulsa la globalización.

Pero nosotros les creímos nuevamente a quienes masacraron a nuestros ancestros,  nos mostraron espejitos modernos, como si contuvieran aire puro, alimentos frescos, clima templado controlado, amabilidad y respeto por la vida y terminamos dominados por el poder financiero internacional, ajustados para pagar deuda inútil y tramposa, amenazados con sanciones que supuestamente nos llevarían a la miseria. Nos saquearon como siempre.

Ahora es entrar o no al mundo, algo así como tener una cuenta bancaria disponible para recibir una renta que los mercados depositarían todos los días en tu cuenta, pero antes tenes que comprometerte a reducir el gasto en alimentos y bebidas, contribuir con parte de tu sueldo a las empresas, ponerle el cuerpo a los problemas de salud y convencerte que no hay remedios para todos etc. Cuando llegas a las metas que te impusieron como requisito, te dicen que se acabaron las cuotas diarias, porque ya gastaste todo tu capital y no alcanza para derramar en la sociedad.

Entrar al mundo confiando en la bondad y generosidad de los capitales, es como poner la cabeza en una guillotina para que prueben la dureza de tu cuello. ¿Por qué suponer semejante estupidez?.

Porque te mienten confeccionando un relato propio, con comunicadores sociales formados en su seno, mercenarios marketineros que manipulan tu razonamiento, reduciendo el tiempo para pensar, creando en frases la síntesis del sentido común, asustándonos con mentiras científicamente elaboradas.

Yo propongo recorrer el mundo de los ideales por un rato largo, dejarlos guardados en la íntima convicción del sueño, destruir la idea de lo imposible y sacudir la conciencia para arrojar  la especulación a la mierda, volver a la cultura del trabajo cuidando la tierra y el futuro. Sembrar vida y cuidarla, especialmente a los niños y a los abuelos, defender la identidad cultural de nuestro pueblo y educar para ser libres e independientes.

La noche tiene estrellas, detrás de las nubes grises se quedan igual, con esta convicción la tristeza comenzó a aflojar y mañana, seguramente, tendré aliviada mi depresión.

Esteban Rodríguez
6/12/18



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