14 de septiembre de 2018

#DEFICITCERO: EL DEFICIT REAL SON LOS INTERESES DE LA DEUDA EXTERNA QUE TOMO EL GOBIERNO



El pago de intereses ya representa el 77 por ciento del déficit.






El pago de intereses de la deuda pública representó, en julio (2018), el 77% del déficit fiscal total, según el análisis del Centro de Estudios de la Nueva Economía, de la Universidad de Belgrano.

El trabajo del instituto que conduce Víctor Beker revela que los servicios de la deuda siguen creciendo y deja en evidencia que se está convirtiendo en el factor más desequilibrante en las cuentas de la administración pública.

En el primer semestre del año se observó una reducción del 13% en el déficit total del sector público, como indica el CENE, pero mientras que el sacrificio en el gasto se da principalmente por una reducción del 53,7% en las transferencias de capital a las provincias, y un aumento en las transferencias corrientes a las mismas muy por debajo de la inflación, de apenas el 14,5%, las transferencias al sector externo aumentaron en un 41,1% y el pago de intereses de la deuda creció en un 31,7%. Dicho de otro modo, el recorte en el gasto recayó principalmente sobre las provincias, mientras que los acreedores de la deuda, del país y del exterior, fueron los principales destinatarios de ese virtual “ahorro”. Y eso, incluso antes de los acuerdos con el Fondo Monetario.

El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, suele presentar los datos presupuestarios con la parcialidad impuesta por el criterio de metas que impone el FMI, el de “reducción del déficit primario”. Este resultado se obtiene de comparar los ingresos totales de la administración pública (recaudación tributaria más aportes y contribuciones a la seguridad social), con los gastos “primarios”: es decir, los gastos totales de la administración pública menos el pago de intereses de la deuda. Si el “gasto primario” es mayor al ingreso fiscal total, se habla de “déficit primario”.

¿Cuál es el fin de separar el pago de intereses del resto del gasto total? Claramente, el de diferenciar los gastos “ajustables” de los “intocables”. De ese modo, para reducir el “déficit primario”, o bien se aumenta el ingreso total, o bien se reducen los “gastos primarios” (gastos de funcionamiento del Estado incluidos los sueldos, servicios económicos incluidos los subsidios, transferencias a las provincias y prestaciones sociales). Reducir a cero el “déficit primario” o inclusive obtener un resultado primario superavitario tiene como objetivo implícito pagar el resto del gasto: los intereses de la deuda. De ese modo, lo que es una parte del gasto, los servicios de la deuda, no sólo quedan librados de las consecuencias de un ajuste, sino que se convierten en el objetivo del ajuste: subir los ingresos o bajar el resto del gasto para poder pagar la deuda.

El aporte del análisis del CENE es, entonces, que expone lo que pasa con el déficit total (también llamado “resultado financiero”) en vez de la parcialidad del déficit primario. En base a esa información, se puede ver que mientras el gobierno se ufana de haber reducido el déficit primario, oculta que crece el déficit “no primario”, que ya representa la parte principal, más de tres cuartas partes (el 77 por ciento) del déficit total.

Los intereses de la deuda pública crecen, incluso, como proporción de los gastos totales. Y es de esperar que, por la incidencia de la megadevaluación de estos meses, y dado que el registro de gastos se realiza en pesos, el pago de intereses pactado en dólares tendrá todavía una carga mayor para el erario público, muy por encima de lo presupuestado para el año.

Mientras tanto, el ajuste al gasto público en ejecución por el actual gobierno avanza y se profundiza por otros caminos. En su informe, Beker señala que, durante el primer semestre, “el mejor resultado alcanzado en la ejecución presupuestaria es atribuible a un ahorro en los gastos, como consecuencia de un recorte en la compra de bienes y servicios no personales y de una baja sustantiva en las transferencias a provincias, tanto corrientes como de capital”. Agrega al respecto el director del Centro de Estudios de la UB que, “de hecho, las transferencias corrientes a las provincias y la ciudad de Buenos Aires fueron ajustadas un 14,5 por ciento, mientras que las transferencias al sector externo aumentaron 41,1 por ciento con relación al primer semestre del año anterior. En tanto, las transferencias de capital a las provincias y la ciudad de Buenos Aires se recortaron un 53,7 por ciento”.

MACRILANDIA

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ALFREDO BARROS

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