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11 de julio de 2018

LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS por MARTIN DELGADO CULTELLI




La importancia de la memoria histórica de los Pueblos Originarios


América  Latina es un continente construido por sucesivas olas colonialistas.  Cada una parada sobre los hombros de las otras. Hemos sido condenados a  ser proveedores de materias primas a los grandes centros económicos y  políticos del Mundo. Si bien el colonialismo tiene una faceta de  dependencia económica tiene otra que es la subjetiva. Esta dependencia  esta plasmada en la negación constante de nuestras raíces indígenas y la  admiración casi ciega de toda la producción intelectual de Occidente.  De ahí no solo la importancia de descolonizar las relaciones de  producción sino descolonizar las mentes y sentires.

Uno  de los pilares básicos del colonialismo que nos agobia es la denominada  “Doctrina del Descubrimiento”. Dicha “doctrina” es el corpus de  preceptos básicos que se mantienen prácticamente inmutables desde hace  500 años. Esta “doctrina” esta basada en los conceptos de terra nulis y  de paganismo. El terra nulis sostiene que el territorio descubierto por  los colonizadores al no ser explotado de una forma racional y  capitalista, se lo considera tierra salvaje, tierra vacía de gente.

No  es casualidad que en el siglo XIX a los territorios controlados por  indígenas y gauchos se les denominara “Desierto”. Hoy en día vemos esto  cuando se refieren a la Amazonia como territorio deshabitado y en donde  solo hay naturaleza salvaje, cuando en realidad allí viven miles de  indígenas.

El precepto del paganismo estaba basado en que como  las culturas indígenas tienen creencias y tradiciones distintas a las de  Occidente, representado en la moral judeo-cristiana, entonces esta  justificada su violentación o en el mejor de los casos tratar de que se  asimilen a la civilización occidental. A principios del siglo XX la  totalidad de los países del continente tenia expresado tanto en sus  constituciones como en otro tipo de legislaciones y políticas estatales,  que los pueblos originarios debían asimilarse a la cultura de los  Estados Nacionales, osea la civilización occidental. Incluso hoy en día  las regiones donde habitamos preferentemente los pueblos originarios son  las regiones que reciben más visitas de misioneros evangélicos. Además,  en pleno siglo XXI, el reconocimiento de las autonomías territoriales y  culturales sigue siendo un tema urticante para la mayoría de los países  de la región.

Cabe destacar que los preceptos de la Doctrina del  Descubrimiento fueron esgrimidos hace casi 500 años por Juan Gines de  Sepulveda en su texto “La Justa Guerra Contra los Indios”. Recordemos  que Sepulvedas fue quien debatió con Fray Bartolome de las Casas en el  famoso “Debate de Valladolid”. Famoso debate entre prestigiosos  intelectuales para determinar si los indígenas eramos seres humanos o  eramos animales y por lo tanto si se nos podía esclavizar y masacrar. Si  bien se considera que el debate lo gano De las Casas y así surgió la  primer legislación indígenista de la historia. En los hechos, el que  triunfo, fue Sepulveda.

El triunfo de Sepulveda se debe a que  seguimos con los pilares de terra nulis, de que antes de que llegaran  los europeos no había nada en el continente. La historiografía de la  mayoría de los países comienza con la llegada de Cristobal Colón al  continente. Olvidando por completo que el continente tiene presencia  humana de al menos 24.000 años. Cuando se quiere ir más atrás en la  historia, siempre se va a Europa. ¿Pero acaso no hemos nacido en esta  tierra? Tengamos o no raíces indígenas, es importante conocer la  historia y la memoria del territorio donde vivimos y donde queremos  realizarnos como seres humanos.

Hay una serie de estereotipos  construidos por los colonizadores basados en la inferioridad de los  pueblos originarios del continente frente a la civilización occidental. A  las experiencias de Estados Indígenas Precolombinos como el  Tawaintisuyu, el Estado Méxica (azteca) o los Señoríos mayas y muiscas  siempre se les destaca la brutalidad, lo sanguinario y lo despótico de  sus regímenes. Si bien eran sociedades estatales, osea había desigualdad  social, estos estados no eran mono-culturales sino plurinacionales y  garantizaban la comida a todos sus súbditos. Incluso hoy en día los  Estados de matriz occidental les cuesta el reconocimiento de la  pluralidad cultural al interior de sus territorios y no garantizan que  todos los ciudadanos tengan alimento básico. Además esos Estados no eran  más represores y sanguinarios de lo que eran la mayoría de los Estados  en el Mundo de la época. Recordemos que en la época que florecía el  Tawaintisuyu y los Méxica en Europa quemaban vivas a las mujeres  acusándolas de Brujería.

Si bien los pueblos indígenas con  experiencia estatal merecieron la atención de los estudiosos de  Occidente, la realidad es que la mayoría de los pueblos del continente  somos pueblos pre-estatales. Osea jamás conformamos Estados. Se podría  decir que la organización social por excelencia en el continente son las  aldeas agrícolas y las bandas de cazadores-recolectores. Osea que la  horizontalidad y el igualitarismo esta en la base de las sociedades  latinoamericanas. Base que continuamente se ha querido borrar.

Como  nuestros pueblos no construían ciudades, se nos redujo a sujetos  cuasi-animales, con casi nula atención por parte de los estudiosos. Pero  que no construíamos ciudades no significa que no tengamos nuestras  complejidades y nuestro valor. El desarrollo de los relatos míticos, la  cosmogonía y el conocimiento sobre el ecosistema donde se vive son muy  superiores en pueblos pre-estatales que en pueblos estatales. Incluso  los saberes de nuestros pueblos sobre biodiversidad actualmente son más  relevantes debido a la gran crisis medioambiental que atraviesa nuestro  planeta.

La colonización de nuestro pensamiento es de tal  magnitud, que cuando pensamos en el medioevo, pensamos en una época  oscurantista. Una época en donde se limitaba el libre pensamiento, donde  habían guerras constantes y donde la mayor parte de las  personas  pasaban hambre. Esa fue la experiencia Europea alrededor del año 1000  DC. Pero esa experiencia no representa para nada al resto del Mundo. En  esa misma época es el florecimiento de la gran civilización islámica. Y  en Abya Yala (América antes de la colonización) fue una de las épocas de  florecimiento cultural más ricas de todas. En los primeros años del  medioevo tenemos al Maya Clásico, tan esplendoroso como la Grecia  Clásica o Egipto, tenemos a Teotihuacan, tenemos a los Moche y sus  señoríos gobernados por mujeres y tenemos a Tiahuanaco.

En esa  misma época en la región que actualmente conocemos como Entre Río,  Uruguay y Río Grande do Sul también fue una época esplendorosa. El  desarrollo de la cerámica llego a estilizaciones super complejas  plasmadas en la tradición cultural Goya-Malabriego. En la Cuenca de la  Laguna Merin floreció la denominada cultura de los “Cerritos de Indios”,  con enterramientos mortuorios super elaborados y con las primeras  expresiones de cultivos de maíz y zapallo en la región. Una cultura  mucho más compleja de lo que se nos han querido presentar. Entorno al  año 1000 DC es que florece el arte rupestre en el Uruguay, plasmado  principalmente en sitios como Chamangá, Modesto Polanco y Cerro Pan de  Azúcar entre otros.

Como vemos el medioevo no fue para nada una  época de oscurantismo en el Abya Yala. Nuestra memoria ha sido moldeada  por lo que le paso a nada más una parte de la humanidad.

En estas  épocas de destrucción ambiental, vorágine capitalista, expansionismo  militar y oligopólios de la comunicación, es sumamente importante que  sepamos quienes somos y hacía donde queremos ir. Nuevos colonialismos se  avistan en el horizonte. Por eso para poderlos resistir, es muy  importante rescatar la memoria ancestral de los pueblos que han  resistido por más de 500 años. Conectarnos con el territorio y con su  historia nos permitirá ser un árbol de raíces profundas, el cual no  podrá ser volteado por las tempestades.

Zur
Pueblo de Voces


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ALFREDO BARROS

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