23 de mayo de 2018

"ESTRECHEZ ELECTORAL OFICIALISTA Y MITOS DE LA UNIDAD OPOSITORA" por ARTEMIO LOPEZ









Estrechez electoral oficialista y mitos de la unidad opositora


La formalización del acuerdo “preventivo” con el FMI diseña un escenario electoral muy estrecho para el oficialismo hacia el 2019, afirma Artemio López. Por el lado de la oposición desde una parte importante de la Patria Consultora, se insiste en plantear la existencia de un  “terreno llano” y de dispersión de fuerzas como paisaje dominante desconociendo el claro liderazgo de CFK.

Para el oficialismo la consecuencia de mayor impacto electoral que deriva del acuerdo “preventivo” con el FMI, además del rechazo actual al maridaje de más del 70% que señalan todas las encuestas, será sin duda que las posibilidades de relajar las políticas de ajuste – ya antes del acuerdo erosivas para con la popularidad del gobierno y sus principales figuras – se verán muy limitadas de cara a las elecciones del año 2019.

En efecto, a diferencia del año 2017 donde el gobierno bajó la intensidad de las restricciones para enfrentar el año electoral, nada de esto será posible en octubre de 2019, en el marco de las condicionalidades extremas que impondrá el FMI y dada además la notable desesperación del oficialismo al solicitar el rescate.

Respecto al relajamiento del ajuste para enfrentar las elecciones de medio mandato, señala Axel Kicillof, temible ex ministro de economía más conocido popularmente como el Robespierre de Parque Chas:

“En 2017, para ganar las elecciones, Macri recurrió a algunos anabólicos transitorios. Como no llegaban ni la prometida lluvia de inversiones, ni los brotes verdes, ni el segundo semestre, ni la luz al final del túnel, el Gobierno decidió poner una pausa en el ajuste: repartió más de dos millones de créditos a jubilados y asignación universal por hijo, se aceleraron las obras superficiales, se pospuso el tarifazo y se indexaron los salarios con la cláusula gatillo” (1)

Este escenario de relajamiento de las restricciones a fin de optimizar el comportamiento electoral de Cambiemos ha sido abolido a partir de las condicionalidades extremas que impone el acuerdo “preventivo” – léase “desesperado” – con el FMI, situación que agravará negativamente la perspectiva electoral del oficialismo.

Un oficialismo que – hay que señalarlo- aún sin la “dosis de relajamiento” dadas las estrecheces crecientes que impondrá la formalización del acuerdo con el FMI, realizó en su ciclo de ascenso una primera elección de medio mandato muy discreta, obteniendo el 41% de los votos nacionales.

Peor elección que la primera renovación parlamentaria realizada por el alfonsinismo, peor que la primera lograda por el menemismo y menor que la primera observada en el inicio del ciclo Kirchnerista, sólo mejor, ¡ay!, que la realizada en octubre de 2001 por la Alianza FREPASO/UCR

Así las cosas, y sólo a modo de ejemplo, Alfredo Zaiat señala el tipo de restricciones severas que impondrá el nuevo acuerdo con el FMI.

Otra enseñanza de la historia de los acuerdos stand by es que, además de la obsesión por la cuestión fiscal con la consiguiente exigencia de reducción del gasto público, el FMI se involucra también en la cuestión del déficit de las cuentas externas. Para abordar ese desequilibrio siempre recomienda una fuerte devaluación. Para achicar la brecha del 5 por ciento del PIB de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, la depreciación del peso es el primer paso que reclama. (2)

En efecto, para citar sólo dos ejemplos en línea con las restricciones que advierte Zaiat, la devaluación del peso que ya produjo Cambiemos desde fines de Abril en la previa del anuncio formal del acuerdo con el FMI supera el 25%, con un pase a precios del aumento del dólar muy fuerte que supone una inflación anual cuyo piso será similar a la del año 2017, que rozó el 25%

Por otra parte, las restricciones al gasto ya comenzaron a insinuarse con el recorte de obra pública anunciado el 3 de mayo por un monto inicial de 30.000 millones de pesos.

Por el lado del oficialismo, la formalización del acuerdo con el FMI diseña un escenario electoral muy estricto para el año 2019, mucho más estrecho que el del año 2017 y el imaginado antes de la crisis económica y financiera de mayo de 2018.

Por el lado de la oposición desde una parte importante de la Patria Consultora, se insiste en plantear la existencia de un  “terreno llano” y de dispersión de fuerzas como paisaje dominante.

No parece ser ése más que un deseo de muchos analistas y encuestadores, ya que hasta un niño observa la existencia de un liderazgo opositor nítido, recortado y sólido, el de Cristina Kirchner

Liderazgo notable que sólo dos meses antes de las elecciones de medio término y desde la puerta de Comodoro Py, lanzó un nuevo espacio de representación electoral al que denominó Unidad Ciudadana, que en medio del ciclo de ascenso electoral de Cambiemos y sometida a la más salvaje persecución mediática y judicial observada en democracia, obtuvo el 38% de los votos en el principal distrito electoral del país, que constituyó siempre un proxy muy consistente de la media electoral nacional

Nada más alejado al “terreno llano” opositor, figura que insisten en instalar analistas y encuestadores empeñados en opacar el nítido liderazgo de Cristina Kirchner y que en el colmo del delirio y páramo conceptual, imaginan un espacio opositor diseñado mediante la suma de dirigentes autodenominados “peronistas”, con liderazgos misteriosamente equivalentes como condición necesaria de supuesta “eficacia electoral”: Cristina + Massa + Randazzo + etc.,

Desconoce este diseño mitológico de la “unidad”, que reduce la dinámica electoral a una simple sumatoria aritmética, que los así “unidos”, en rigor no son liderazgos equivalentes.

A nivel cuantitativo Cristina Kirchner más que duplica en votos a todo el resto del “mundo pan peronista”, sumado.

Mucho menos hay equivalencias cualitativas,  en los proyectos de país que encarnan los dirigentes mitológicamente “unidos”.

En efecto, mientras CFK se opuso sistemáticamente y desde el minuto uno al despliegue de la tercera oleada neoliberal que encabeza Mauricio Macri, el resto de los dirigentes que los analistas suponen de liderazgos equivalentes, le obsequiaron parte sustancial del plexo legislativo que requirió Cambiemos para realizar el impiadoso ajuste, incluida la renovación de la Corte Suprema, que con su nueva conformación pasó a ser una correa de transmisión de las demandas del Poder Ejecutivo y los sectores de poder  corporativos que representa ya  sin mediaciones

Hay además un error conceptual de base en el diseño mítico del dispositivo de “unidad” en base a liderazgos equivalentes.

El planteo de “unidad” que de este diseño surge, supone que, por citar el caso más reciente de Provincia de Buenos Aires, los votos que deben “recuperarse” son los que obtuvieron en el año 2017 el frente 1 País y el sello PJ.

Nada más lejos de la realidad electoral. Todos los estudios cualitativos y las leyes de formación y funcionamiento cuantitativas del FPV a nivel Nacional, señalan que la mayoría de esos electores “peronistas no o francamente anti kirchneristas”, son extremadamente refractarios a dar el voto a opciones organizadas en torno al liderazgo de CFK, en tanto el análisis de la mayoría electoral nacional constituida por el kirchnerismo en el lapso 2003-2011 muestra que éste tuvo un fuerte componente de voto cruzado con opciones distritales diversas, muchas vinculadas al PRO, la formación core de la coalición Cambiemos – voto cruzado materializado en Buenos Aires, Córdoba, CABA, Santa Fe – y que en el año 2015 y persistentemente aún en el año 2017, por motivos diversos, muchos de estos electores optaron distrital y nacionalmente por el actual oficialismo.

Así las cosas , los votos que necesita la oposición expresada en Unidad Ciudadana y organizada en torno al liderazgo de Cristina Kirchner para competir con chances en 2019, están entre quienes en 2015 y 2017 optaron por Cambiemos en mucha mayor proporción que entre aquellos electores que acompañaron entonces opciones pan peronistas no kirchneristas cuando no francamente anti kirchneristas.

Es por otra parte muy obvio que para constituir su 51% de votos nacionales en el año 2015 y el 41% del año 2017, Cambiemos tomó parte de los electores que construyeron el  45% y el  54% con que el entonces FPV triunfó en los años 2007 y 2011.

Recomponer los puentes quebrados con esos electores – que son millones – es la tarea estratégica que deberá intentar Unidad Ciudadana para competir con éxito en el año 2019 y lo debe hacer organizando su espacio de representación en torno a un liderazgo como el de CFK cuyo notable piso de 35% de votos a nivel nacional, a poco de caminar colocará a la opción opositora en franca condición de ballotage

En esta perspectiva de análisis, la verdadera unidad a construir es con los ciudadanos que por motivos genuinos no acompañaron la oferta electoral del FPV en el año 2015 y de UC en 2017, y no la mítica unidad con los dirigentes que por motivos mezquinos dieron apoyo explícito al despliegue del modelo que lleva adelante Cambiemos, el más autoritario y anti popular desde la recuperación democrática.

 LA TECLA EÑE REVISTA

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