27 de abril de 2018

EL GIRO POST PROGRESISTA Y LA REVOLUCION PENDIENTE por JORGE FALCONE




El giro post progresista y la revolución pendiente 


Se impone reconstruir un horizonte de utopías

Debates nostramericanos

En el contexto global de debilidad que exhiben hoy las perspectivas revolucionarias, flaco favor le haría al pensamiento crítico eludir un riguroso balance de las experiencias post neoliberales desarrolladas a lo largo de Nuestra América durante la primera década larga del siglo en curso.

Sería menester, por ejemplo, refrescar que el fracaso de las políticas libremercadistas que signaron la década del 90 propició en la transición entre un siglo y otro el resurgir de la noción de desarrollo propia de la modernidad. En efecto, la mayor parte de los gobiernos denominados (o autodenominados) “progresistas”  sucumbió – con matices – a esa tentación. Obviamente, no estamos pensando aquí en las experiencias más radicales, como las de Venezuela y Bolivia, sino más bien en aquellas que tuvieron lugar en Brasil, Uruguay o Argentina. Sin ir más lejos, el denominado Consenso de las Commodities alimentó políticas de inclusión  mediante el consumo que, en nuestro caso, mantienen su vigencia desde el gobierno de Cristina hasta el de Macri. Una agresiva matriz productiva de acumulación por desposesión instauró “áreas de sacrificio” que pusieron de relieve a un actor social como los Pueblos Originarios, que viene cobrando singular vigencia en la defensa de su tierra y territorio, fenómeno que tan bien ejemplifican el alzamiento zapatista de Chiapas, la instauración de un Estado Plurinacional en Bolivia, o la resistencia del pueblo mapuche en la Patagonia.

Se hace necesario, a su vez, repensar la dimensión actual de nuestra dependencia, sobre todo a la luz de las nuevas transiciones hegemónicas, como la que está protagonizando China.

¿Se está viviendo un Fin de Ciclo?

Ganando perspectiva, parecería ser que a la ampliación de derechos, la heterodoxia económica, y el efímero ensayo de unidad regional impulsados durante el período en consideración, se le contrapusieron un manifiesto fomento al extractivismo y los agronegocios, una creciente criminalización de la protesta social, y la construcción de hiperliderazgos que – agotados los períodos constitucionales de gobierno – contribuyeron a generar una dramática alternancia electoral. Tal parece, por ende y siendo realistas, que la zozobra de la promesa  progresista  produjo una frustración de muy superior escala.

El escenario continental

Si tomamos en cuenta que hacia 2013 tuvo lugar una significativa caída del precio de las commodities, no será difícil advertir cuán falto de asidero ha quedado el fenómeno que la socióloga Maristella Svampa denomina “populismos infinitos”. En consecuencia, como el extractivismo genera menos democracia, también se reduce el efecto seductor de cualquier retórica seudo emancipatoria. Sin embargo, no deberíamos pasar por alto que el saldo experiencial de los movimientos sociales está lejos de ser menor, y que su lucha ha conseguido instalar una nueva y valiosa gramática política, que en algunos casos quedó sintetizada en consignas tales como Buen Vivir, comunitarismo, o Ética del Cuidado. En todo caso, quizá la mayor mora actual del activismo antisistémico consista en generar una agenda que tenga como norte al post desarrollo, la que seguramente demandará consolidar el poder de las comunidades por encima del de los Estados.

Cambiemos: “Un servidor de pasado en copa nueva”

Si haciendo caso omiso de las tantas promesas incumplidas, se analiza pormenorizadamente su acción de gobierno – shock tributario, precarización laboral, desmantelamiento del Estado de Derecho, mega endeudamiento internacional, entrega de la soberanía, etc. – hasta este tercer año del mandato otorgado por las urnas, no resultará difícil concluir que la gestión de Mauricio Macri es, desde la dictadura, la que ha ido más lejos en su afán de convertir a la Argentina en una gran maquiladora al servicio del poder global.

Algunos desafíos de las nuevas rebeldías

El ineludible poeta republicano León Felipe alguna vez escribió sobre su Patria “Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.  – y, en alusión al idealismo quijotesco – Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto”. Hoy en nuestra latitud resulta lícito preguntarse si ocurre algo semejante, si eventualmente  se impuso un posibilismo transversal incluso en fuerzas populares otrora radicales.

Porque ante una sociedad deliberada y sistemáticamente fragmentada, el mérito en la lucha callejera de numerosos y consecuentes espacios políticos se ha visto cíclicamente debilitado por prematuras apuestas electorales que, más allá de proporcionar 15 minutos de gloria en la caja de resonancia mediática que ofrece el poder, no dejan luego saldo organizativo alguno. En años no electorales, la tendencia dominante viene haciéndonos correr el riesgo de sostener un ininterrumpido engorde fomentado por la imperiosa y atendible necesidad de garantizar la subsistencia de los sectores más vulnerables, lo que a menudo conlleva el riesgo de transformar a nuestr@s referentes en mer@s gerenciadores/as de empleo, conteniendo una militancia productivista pero sin horizonte transformador.

Y así ocurre porque urge conjurar la miseria, pero esta atenta contra el pensamiento estratégico: Mal puede un/a compañer@ de base preocuparse por el aumento del calentamiento global si no tiene cómo garantizarle alimento e indumentaria a sus hij@s. En conclusión, pensamos que quien cuente con alguna responsabilidad al mando de gente no debería olvidar que tarde o temprano la movilización popular genera clivajes históricos, pero sólo una esmerada y constante formación de cuadros garantiza que tales oportunidades resulten productivas.-

Por Jorge Falcone
RESUMEN LATINOAMERICANO

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ALFREDO BARROS

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