25 de marzo de 2018

¿POR QUE NO HAY AVANCES EN LA INVESTIGACION DE LA MUERTE DE UN OBRERO DE LA UATRE?


Una muerte y muchas preguntas sin respuesta



Un hombre que se dirigía a su trabajo en bicicleta, como todos los días, encontró la muerte cuando una ambulancia de la empresa SAMAK lo habría tocado con su espejo, y de esa manera cayó al suelo de manera fatal. Sin testigos, ni la palabra del ambulanciero, el silencio de la empresa y desconciertos desde el momento de su muerte hasta al velorio.

El 3 de marzo, alrededor de las cinco y media de la mañana, Ramón Fabián Pacheco se dirigía hasta la UATRE lugar donde trabajaba allí desde hacía más de 30 años.

La bicicleta fiel compañera de todas sus mañanas, lo acompañaba como siempre, aún cuando alguna vez se a pinchado. Ese día, donde era uno más de su vida, este hombre de Quequén, del barrio cercano a la playa de camiones municipal, tomó la calle 574, hasta la 575 y de ahí hasta el cruce de “La Guillermina”. De ahí tomar la circunvalación hasta la UATRE, según lo relata su mujer. Ella que recibió el llamado, por las 9.10 hs, que no podía entenderlo, y que shokeada fue derecho al Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra “Me fui directo al Hospital, allí me encontré con una Doctora que fue la que me dio la noticia de que mi marido había fallecido”, relata mientras hace pausas para que no se le quiebre la voz.


Una certeza y muchos interrogantes

Lo único objetivo, y claro, hasta ahora es el fallecimiento de Pacheco, pero aún no se sabe el cómo de su deceso. “Lo que me dijeron los compañeros del trabajo es que lo podría haber rozado la ambulancia de SAMAK, porque estaba tirado el espejo de la camioneta”, relata la viuda.

Cuando llegó al hospital, y después de haber recibido la triste noticia, el calvario no terminaba. “Pedí de verlo y no me dejaron, aún después de haber hecho la autopsía, porque el caso estaba judicializado. Me encuentro con el médico que le hizo la autopsía y le digo que me contacté con la sala velatoria que lo iban a velar a cajón cerrado, a lo que él me responde que no era así (No señora, su marido no tiene nada para que lo velen a cajón cerrado)”. El profesional de la salud le acercó el teléfono de la Fiscal que intervenía en el caso, por cualquier cosa que precisara.



La mujer, con todo el dolor encima, fue hasta la casa velatoria y siguieron los inconvenientes “Cuando llego a la cochería de la 69, me encuentro que estaba el cajón cerrado. No me lo abrían, y les dije que yo iba a decidir sí lo velaban a cajón cerrado” cuenta todavía enojada por aquella situación vivida la señora de Pacheco.

Cuando finalmente abren el ataud se encontró con una desagradable sorpresa, que ella misma describe “Destapan el cajón, lo encuentro desnudo, lleno de sangre, ni siquiera se habían tomado el trabajo de bañarlo, limpiarlo, ponerle una venda en la cabeza. Yo no sé quien lo hace, sí el hospital o la funeraria. Le pedí algodón, le lavé la cara, le tapé los orificios nasales, le pedí la gotita, le pegué la boca, y no pude acomodarle su cabeza, porque debajo de su cabeza estaba demasiado atrás y ahí debajo había demasiado sangre, quise acomodarlo pero no pude. No le pusieron una mortaja de miércoles, así que lo solucioné con un trapito para que no se le vieran sus partes, sí alguien se acercaba a tocarlo”. Un verdadero horror la situación vivida.


Pero todavía falta establecer cómo murió, ese 3 de marzo, Rubén Fabián Pacheco. Por los datos que se recojen, ya que no hay testigos directos del hecho que se hayan presentado, todo se habría dado por una mala maniobra del conductor de la ambulancia, que embistó al vecino quequenense. Pero lo más llamativo es donde podría haber embestido la ambulancia al ciclista, según la mujer del difunto “Mi marido siempre va por la banquina, por eso no entiendo como lo tocó la ambulancia”. Pacheco que se dirigía a la UATRE nunca llegó y a sus compañeros les pareció raro el retraso. Por eso los mismos amigos salieron en busca de él y encontraron la bicicleta tirada, cerca a la planta de la VTV de camiones. Nada se sabía, a tal punto que ni la policía sabía de la situación “Pasaron por delante de un móvil policial, le preguntaron a los agentes y nada sabían. Con lo cual uno intuye que la ambulancia no dio aviso, levantó el cuerpo y lo llevo” cuenta la señora que trabaja en la quintina que poseen en su casa. En aquel lugar del hecho se encontraron rastros de sangre en la tierra y el faro de la ambulancia, que podría haberle pegado en el manubrio a Pacheco.

La historia le faltan mil partes: Que podría haber ido al Hospital de Quequén y no lo recibieron, que estuvo dos horas vivo y conjeturas, de por qué nadie vio nada cuando es un lugar muy transitado a esa hora. Solo hay algo en todo esto, el dolor de una familia, las consecuencias que ellas traen, y un caso que está inconcluso, pero que tiene a un vecino de Quequén que aún no puede descansar en paz.

La familia está solicitando testigos que hayan presenciado el hecho, o puedan aportar información.


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ALFREDO BARROS

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