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14 de diciembre de 2017

¿POR QUE LA LIBERTAD DE EXPRESION E INFORMACION ESTA EN PELIGRO?




Comunicación hegemónica y comunitaria. Neoliberalismo y censura

La llamada casta política de nuestro país está apurada por recuperar un lugar de privilegio que perdió con el resurgir, y posterior gobierno, de un proyecto popular. Ante esto, el gobierno ha mostrado ampliamente el uso de recursos discursivos tales como que han sido favorecidos “por una mayoría” en las urnas en 2015 – sin contar en ese discurso al 49% de votos en contra- convenciendo y anestesiando a una parte del electorado para avanzar así, durante casi 2 años, sobre los derechos del pueblo y la calidad institucional y democrática.


El fraude de agosto, en las PASO de 2017, y la desaparición forzada de Maldonado tras ser llevado por gendarmería después de una feroz represión sólo tuvieron débiles respuestas, mentiras y complicidad del aparato mediático para ocultar información y diluir responsabilidad. Los hechos han demostrado que el gobierno no sólo gobierna para una minoría sino también que se vale de todas las herramientas -legales o no- a su alcance a la hora de llevar adelante el gobierno para esa minoría. Todo vale, incluso poner en peligro la corta vida democrática que hemos logrado conseguir con tal de tratar de normalizar el sentido común que irrumpió en la vida política Argentina en los últimos años.

El Neoliberalismo y el resurgir de las castas políticas requieren un sistema de medios acorde a sus necesidades. Para ello no dudará en deshacerse de todas las voces disidentes a través de la censura, el ahogo económico, las amenazas, la vulneración de derechos, la represión, las detenciones arbitrarias. Quien hoy no quiera ver lo que se viene desplegando en torno a la comunicación será preso de su propia ceguera y cómplice de la palabra hegemónica.

Libertad de Expresión y Derecho a la Información

El lunes 18 se confirmó lo que era un rumor: el despido de Roberto Navarro de C5N.
Navarro afirmó que se debió a las presiones por parte del gobierno hacia el canal, a raíz de los informes de investigación que se generaban para el programa “Economía Política”.
Desde el canal adujeron que Navarro era violento y patotero, apoyándose en la construcción y estigmatización de todo aquel que huela a kirchnerismo que han hecho los medios hegemónicos.

En la discusión quedó anulado que fue Navarro uno de los que puso al aire, en plena madrugada en la que se realizaba el escrutinio provisorio de las PASO, las pruebas de la manipulación que ejerció el gobierno para cometer el fraude, como se demostró a posterior.
El despido generó que se hable del peligro que corre la libertad de expresión y el derecho a la información en nuestro país.



Sin embargo,  es necesario poner algunos reparos en esta afirmación, porque éste peligro no se genera –aunque sí le suma- por el despido de Navarro o Víctor Hugo en su momento, sino que desde diciembre de 2015, cuando apenas asumió como presidente Mauricio Macri y decretó el DNU 267/15, la libertad de expresión y el derecho a la información eran vulnerados.
Este decreto derogó artículos claves de la LSCA  – que evitaban la multiplicidad de licencias y concentración de muchos medios en pocas manos- y suprimió además los entes reguladores de la AFSCA y AFTIC.

Desde entonces, el sector de los medios comunitarios ha venido realizando varias acciones para visibilizar las problemáticas: el cierre de revistas por los elevados costos del papel; el cese de emisiones de las radios comunitarias durante la noche por los tarifazos energéticos; los FOMECAS adeudados que producen un ahogo económico general; el decomiso compulsivo de radios comunitarias como FM Popular, FM La Torre, FM Masi y FM Milenium, la destrucción de las instalaciones de medios, como sucedió con Antena Negra TV o Tiempo Argentino por la acción de la patota de Mariano Martinez Rojas,  las redacciones reventadas como la de Anfibia, Cosecha Roja, La García y las detenciones que se han realizado sobre comunicadores en estos procedimientos de decomiso, las caserías de comunicadorxs populares que realizó la policía al finalizar las  marchas del Primer Paro Internacional de Mujeres del 8M y la de un mes sin saber el paradero de Santiago Maldonado, y además, y no menos importante, los más de 2000 trabajadorxs de prensa despedidos que se cuentan en sector con el consecuente cierre de redacciones y medios.



Ante esto y como solución se dice que la información y la comunicación debe pasar por el consumo de medios comunitarios, sin embargo, es más factible ver una Plaza de Mayo llena por el despido de un periodista de renombre y larga trayectoria en medios hegemónicos que por los comunicadores populares detenidos arbitrariamente, junto a casi una treintena de personas, en Comodoro PY.

El Campo Popular, la Clase Política y la Comunicación

Hoy en día, seguimos leyendo mitos como el de “todo pasa por las redes sociales” o que “gracias a internet hay más libertad” –algo que hasta el mismo Aguad en su rol de ministro del ENACOM afirmó y tan sólo por eso debería llamarnos a la reflexión- sin detenerse a discutir que internet es, en definitiva, un medio de producción que el capital busca dominar y normalizar, que es un mecanismo que los Estados buscan dar vuelta, preconstituirlo y prefigurarlo, y que si las clases dominantes logran obtener la palanca de encendido, esa libertad también se puede apagar.

La comunicación comunitaria funciona con inserción real en el territorio.
Lo hace con una militancia concreta que lucha con coraje y convicción para subvertir el orden y sentido común preesestablecido, con el fin de generar así una masa crítica y un pensamiento crítico, es decir, busca conformar un sujeto crítico.
Esta lucha permite que, discutiendo a través de la comunicación, se discuta el derecho a la tierra, al pan, al agua y al trabajo entre otros; y así poner en crisis ya no sólo los discursos mediáticos sino también los políticos.

Ante esto, es claro que no se haya resuelto en favor de la política comunicacional desde algunas organizaciones políticas de todos las ideologías y colores: es que la casta política no quiere ser cuestionada. ¿Cuántxs pueden tolerar la crítica o resolver una discrepancia de manera que gane el colectivo y no la individualidad?
¿Cuántxs están dispuestxs a reconocer la virtud en el otro?

Se ha dado, salvo escasas y honrrosas excepciones, una falta de debate o la clausura del mismo en ámbitos de militancia en torno a la comunicación y la política que terminaron construyendo lo que describe Alejandro Grimson en su libro Mitomanías argentinas: “(…) el político posmoderno es, básicamente, una serie de apariciones mediáticas. Disfruta de la ausencia de militancia, solo comparte la experiencia del poder o de la gestión con un pequeño grupo de seguidores fieles o que, al menos, no le discuten nada importante. Pero si tenemos razón al considerar que la videopolítica sigue siendo un mito, podemos decirle que tiene asegurado su futuro: ese político siempre será una ficción”.

Ese marco de construcción política fortalece también el discurso que vierten los medios hegemónicos sobre sectores del campo popular tratando de convencernos de que cada persona es un medio, descartando así la creación y construcción colectiva y genera una “lucha por la primicia” -ese llegar y ser primero y siempre antes que otro- que, bajo un contexto actual, no es más que una forma soslayada de competencia individual por el “éxito”, una réplica de la especie de la meritocracia.

El Frente Único

El tema de la comunicación parece menor ante el contexto mundial, regional y local. La guerra y su sombra, la nueva injerencia imperialista en Venezuela –acaso la Cuba de este siglo 21- y la implementación del mercado como regulador y disciplinador de las relaciones y prácticas sociales. En tanto aquí, Cambiemos ha renovado acuerdos con los medios hegemónicos, ha poblado nuevamente el sistema judicial con jueces, fiscales y abogados adeptos a su visión del mundo, y con la anuencia de ciertos partidos políticos -y sus dirigentes-, referentes políticos y actores sociales que han dado un vuelco estrepitoso en su enunciados sumados a la articulación de un discurso dominante, se ha revitalizado un viejo sentido común que durante más de una década se trató de subvertir.



Algunos objetivos hacia el cual ir:

-La necesidad de conformar un frente único no ante el macrismo sino ante el fascismo que claramente despliega el macrismo y que atenta contra la democracia. Ante este fascismo, los actores del campo popular son afectados por igual sin distinción de pertenencia.

– El fortalecimiento mediante la conformación de redes, sin que esto implique la perdida de la identidad o el trabajo territorial que cada experiencia realiza, con el fin de que en definitiva se pueda acceder realmente a una comunicación que nos haga libres.

-La imperiosa necesidad del surgimiento de nuevas praxis políticas –ya no alcanza con plantear nueva escenificaciones para repetir lógicas caducas- que cuestionen el status quo, ya no sólo de la casta política que gobierna, sino incluso de aquella que ha demostrado temor a la hora de discutir y lograr una herramienta de libertad para el pueblo.

-Hacia el camino de una mayor construcción colectiva dentro de sector de prensa y comunicación, que apueste al desarrollo de medios puestos al servicio de los pueblos y no de lógicas empresariales que cambian de rumbo depende a cómo soplan los vientos de cambio de gobiernos.

Otra comunicación es posible, una que nos haga libres.

Por Daniel Bello
REVISTA PPV

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