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15 de junio de 2017

RICARDO MASETTI, EL PERIODISTA QUE CAMBIO LA PLUMA POR EL FUSIL





Ricardo Masetti, el periodista que cambió la pluma por el fusil

En el Día del Periodista, repasamos la historia de Jorge Ricardo Masetti, el fundador de Prensa Latina que desapareció en la selva argentina en 1964. Su trabajo fue, parafraseando a Walsh, la mayor hazaña colectiva del periodismo latinoamericano. Masetti, el periodista disuelto en la selva.


Para Gabriel García Márquez toda la formación (del periodista) debe estar sustentada en tres pilares maestros: “La prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido del moscardón”.

Jorge Ricardo Masetti, quizás el mejor cronista de guerra del Siglo XX nacido en Argentina, reunía todas estas aptitudes: tenía una fuerte vocación por el periodismo, era, como buen periodista, un curioso congénito, un gran creativo –sobre todo a la hora de ingeniárselas para conseguir información- y tenía una actitud ética inclaudicable, que anteponía a cualquier otro interés a la hora de escribir.

Aunque adscribía en lo político al nacionalismo, en lo profesional Masetti era un liberal, en el sentido más progresista de la palabra. Entendía, como Rodolfo Walsh en los años ´50, que el periodismo debía tender a la objetividad. Pero al igual que Walsh, la práctica del oficio lo fue convenciendo de que la idea de la objetividad era engañosa, que no existía una sola verdad y que, por el contrario, el periodismo “serio” deformaba la realidad para ajustarla a los intereses económicos de las empresas y/o los gobiernos de turno.

Los primeros pasos de Masetti en el oficio no difieren demasiado de las inquietudes de otros periodistas de su generación. Comenzó a publicar muy joven –rondaba los 20 años- sus primeras notas en periódicos nacionalistas, en su mayoría afines al peronismo, como Cabildo, Pregón, Tribuna, La Época, Democracia y El Mundo. Llegó a tener a cargo la sección de política internacional del noticiero de radio El Mundo y fue redactor de noticias de Canal 7, según recordó Gabriel Rot en su libro “Los orígenes perdidos de la guerrilla en la Argentina”.

Masetti tendrá su primera experiencia como director en 1953, en un diario de Tandil, provincia de Buenos Aires. Al año siguiente dirigirá la Revista de la Asociación de Docentes Argentinos y el semanario Cara y Ceca, tal vez su emprendimiento editorial más ambicioso, que compartirá con Alejandro Doria (nombre artístico de su amigo Ricardo Rosales). Trabajará también en la Agencia Latina de Información, un ensayo del gobierno peronista que tenía como corresponsal en México a un joven médico que se ganaba el pan sacando fotos: Ernesto Guevara De la Serna.

En la productiva década del ’50, Masetti también publicará algunos cuentos de su autoría en los diarios Clarín y La Prensa y escribirá su primera y única obra dramática, “La noche se prolonga”, que se estrenará en Buenos Aires casi en simultáneo con el triunfo de la revolución cubana.



En febrero de 1958, cuando Masetti viaja a Cuba, el secuestro del piloto de Fórmula Uno Juan Manuel Fangio por un grupo comando del Movimiento Revolucionario 26 de julio conmocionó al mundo. Recién liberado y sin haber podido participar del Segundo Gran Premio de La Habana, el múltiple campeón mundial había elogiado a sus captores por el buen trato recibido y dijo que entendía y compartía las causas de su lucha.

Cuba era noticia mundial. Un año antes, en febrero de 1957, el periodista norteamericano Herbert Mathews, del New York Times, había entrevistado a Fidel Castro en Sierra Maestra, echando por tierra la versión oficial de la dictadura de Fulgencio Batista, que decía que no habían quedado sobrevivientes del Granma y que Castro había muerto.

“Aquel reportaje, sin duda, fascinó a todos los periodistas, especialmente a los latinoamericanos. Masetti fue uno de ellos”, recordaría Ricardo Rojo, amigo del médico argentino que combatía en Sierra Maestra junto a los cubanos.

Masetti encontraría la llave de esa historia que buscaba en el mítico café La Paz, donde se reunía la bohemia porteña apenas abandonaba las redacciones de Buenos Aires. Allí, el propio Rojo le entregaría una esquela que sería su salvoconducto para llegar hasta el mismísimo campamento del Che en Sierra Maestra.

El viaje de Masetti a Cuba está relatado con maestría en uno de los mejores libros de crónica periodística que se hayan escrito en este país y América Latina: “Los que luchan y los que lloran (El Fidel Castro que yo vi)”. Lo escribirá “de un tirón”, en solo tres semanas, cuando vuelva al país tras haber logrado la hazaña de entrevistar a Fidel Castro y al Che Guevara en Sierra Maestra. “La mayor hazaña individual del periodismo argentino”, como la definió Walsh.

La aparición del libro de Masetti es contemporánea a la primera edición de Operación Masacre, la obra que cambiaría para siempre la vida de Rodolfo Walsh y fundaría el género de no ficción en Argentina, anticipándose en casi una década al libro de Truman Capote, A Sangre Fría, que revolucionaría el periodismo de Estados Unidos y el mundo occidental.

Los que luchan y los que lloran cuenta la historia que Masetti fue a buscar a Cuba. Es su primer y único libro publicado en vida, escrito con la adrenalina del cronista de guerra y el inconfesado objetivo de colaborar con la lucha del Movimiento 26 de Julio. “Es una simple crónica periodística”, dirá Masetti con una buena dosis de modestia y algo de vergüenza por haber sido testigo privilegiado de una epopeya revolucionaria que lo había conmocionado como ser humano. Los que luchan y los que lloran es una formidable crónica de guerra, inspirada en el célebre libro Diez días que conmovieron al mundo, de John Reed, que Masetti solía recomendar a sus colegas para aprender los secretos del oficio.

Al igual que Operación Masacre cambiaría para siempre la vida de Walsh, Los que luchan y los que lloran transformó a Masetti. Su asombro inicial ante esos hombres barbudos, hambrientos y cansados que defendían con escaso armamento a los guajiros mientras planeaban derrocar a Batista, mutaría en un férreo compromiso con la causa revolucionaria.

Cuando abandonó la isla, con su increíble historia bajo el brazo, Masetti ya no era el mismo. Sentía que desertaba del mundo de los que luchan para volver al mundo de los que lloran. Definitivamente quería volver a Cuba. Quería sumarse a “los que luchan”.

En enero de 1959, apenas una semana después del triunfo de la revolución, Masetti aterrizaba nuevamente en el aeropuerto Rancho Boyeros de La Habana. Había compartido el vuelo con los familiares del Che Guevara, con quien establecería una relación de compromiso y amistad que se mantendría incólume hasta su muerte.

Masetti asumió la responsabilidad de organizar, junto al periodista uruguayo Carlos María Gutiérrez, el primer encuentro internacional de periodistas de la Cuba revolucionaria. El encuentro se enmarcó dentro de lo que se llamó la “Operación Verdad”, una fuerte iniciativa política con la que el régimen revolucionario enfrentaría las acusaciones de las agencias de noticias norteamericanas AP y UPI.

Tras el éxito de la conferencia,  Masetti emprendería una obra descomunal: la creación de la primera agencia internacional de noticias contra hegemónica en América: Prensa Latina.

Respetado por su experiencia profesional en Argentina, pero sobre todo porque se había ganado la confianza del Che y Fidel en Sierra Maestra, Masetti organizó Prensa Latina con un criterio estrictamente profesional, donde las palabras “competencia”, “clientes” y “primicia” integraban el léxico periodístico con total naturalidad.

El objetivo era “competir” con “la incompetencia” –como solía llamar Masetti irónicamente a las agencias “rivales”-, “llegar primero” y “hacerlo mejor”, contextualizando la noticias.

“Todo puede hacerse –decía Masetti- cuando se tiene razón, capacidad y valentía”. Y se puso al frente de una agencia de aspiraciones continentales con máquinas de escribir mecánicas, cámaras de fotos, un radio de onda corta para captar emisoras de países vecinos, un transmisor telegráfico morse y dos teletipos para el tráfico informativo internacional.

Con la voluntad transformadora de una revolución en movimiento y estos escasos elementos técnicos, Prensa Latina haría escuela en el periodismo del continente. Con un staff de lujo, integrado por profesionales como Rogelio García Lupo, Rodolfo Walsh, Waldo Frank, Gabriel García Márquez, Wright Mills, Plinio Apuleyo Mendoza, Mario Gil, Juan Carlos Onetti, Teddy Córdoba, Aroldo Wall y Angel Boan, entre otros-, la nobel agencia pronto se convirtió en un faro que irradiaría su luz sobre un continente acostumbrado a la oscuridad informativa de las agencias norteamericanas.

Masetti era un apasionado del periodismo. Cuando Walsh descubrió los cables secretos que develaban el plan de invasión a Cuba por parte de Estados Unidos, planeó enviar al propio Walsh infiltrado a Guatemala, disfrazado de pastor protestante que repartía biblias, para contar cómo se entrenaban los contrarrevolucionarios. Era, sin duda, una gran historia. Pero el plan fue abortado porque el gobierno cubano utilizó esa información para infiltrar agentes propios.

Masetti celebró cuando el corresponsal de Prensa Latina, Angel Boan, consiguió una entrevista exclusiva con Caryl Chessman, un condenado a muerte que había escrito dos libros y había sido llevado siete veces a la cámara de gas de la prisión de San Quintín, en California.
– ¿Cómo se siente a 48 horas de la muerte?-, le preguntó Boan.
– Como si caminara sobre una cuerda floja-, contestó, lacónico, el reo más famoso de los Estados Unidos.

En agosto de 1960, Masetti fue secuestrado en Costa Rica mientras cubría la reunión de cancilleres latinoamericanos. Estuvo cautivo varias horas, aislado, y llegó a pensar que iban a asesinarlo. Aunque nunca pudo probarlo, acusó por la autoría intelectual de su secuestro al coronel Jules Dubois, tal vez el enemigo más encarnizado de Prensa Latina en la SIP, al que Masetti acusaba de ser un agente de la CIA.

En enero de 1961, Masetti viajó a Brasil para ser el primer periodista en entrevistar al flamante presidente Janio Quadros. Fue su último reportaje como director de Prensa Latina. A su regreso a Cuba, fastidiado por el avance del sectarismo en la agencia, presentó su renuncia indeclinable.

Masetti no dudó en retomar la dirección de la agencia cuando lo llamó el presidente Osvaldo Dorticós cuando se desencadenó la invasión a Playa Girón. Como lo hacía siempre, Masetti distribuyó entre su gente cómo sería la cobertura periodística y partió rumbo al escenario de los hechos.

En esos días agitados, el periodista Angel Augier estaba en la oficina de Masetti cuando sonó el teléfono. Del otro lado de la línea, el presidente Dorticós le dictaba a Masetti el parte oficial de la victoria de la milicia cubana sobre el ejército invasor financiado por Estados Unidos.

“Con letra nerviosa, Masetti tomó el dictado telefónico y me fue pasando las hojas para copiarlas a máquina. La premura se imponía a la emoción. Cuando me trajo la última hoja manuscrita, tomó el inicio del texto mecanografiado y corrió al teletipo para pasar él, personalmente, el mensaje, precediéndolo de los timbrazos de alerta correspondientes, dirigidos a las máquinas instaladas en los periódicos y radioemisoras”, recordó Augier.

Masetti participó de los interrogatorios públicos –televisados a todo el país- que los directivos de los medios de comunicación de Cuba hicieron a los mercenarios capturados tras la frustrada invasión norteamericana a la isla.

Cumplida la misión encomendada por el presidente Dorticós, Masetti se alejó definitivamente de la agencia de noticias que había fundado el 16 de junio de 1959.  Su trabajo fue, parafraseando a Walsh, la mayor hazaña colectiva del periodismo latinoamericano.

Masetti cumplió una importante misión política en Argelia. Llevó armas al Frente de Liberación Nacional de Ahmed Ben Bella y volvió a Cuba en un barco cargado de huérfanos y mutilados de guerra. Tenía el proyecto de escribir un libro sobre la lucha de liberación de Argelia, que fue abortado por su incursión guerrillera en Salta. Cambió la pluma por el fusil, pero nunca abandonó la pluma.

Masetti estaba convencido de que el ejercicio de un periodismo honesto y comprometido, ejercido con las leales armas de la profesión – chequeo de fuentes, búsqueda del dato preciso, sencillez en la redacción, rapidez en la difusión y una estricta sujeción a la verdad-, era el mejor antídoto contra la reacción y la manipulación informativa.

Un periodismo que visibilizara lo que otros ocultaban hacía una invalorable contribución a los procesos revolucionarios de los pueblos del mundo.

Masetti pensaba que la verdad redime, pero también que la verdad transforma. Creía que la verdad es en sí misma revolucionaria.

“Nosotros mantendremos siempre, aún cuando se trate de gobiernos dictatoriales, la norma de informar claramente, sin adjetivos. Ya que estamos convencidos de que una noticia cierta y exacta vale más que un editorial”, le dijo al periodista José Gómez Bodes, del diario Combate, en junio de 1959.

Seis meses después, ante un calificado auditorio integrado por periodistas de toda América Latina, Masetti insistía con el mismo concepto: “Nosotros somos objetivos, pero no imparciales. Consideramos que es una cobardía ser imparcial, porque no se puede ser imparcial entre el bien y el mal” .

54 años después de pronunciadas, sus palabras adquieren una brutal actualidad.



Masetti disuelto en la selva

Sin embargo, el combatiente revolucionario que bullía en su interior le impulsaba a nuevos escalones en la lucha de liberación regional. En coordinación con el Che, fundó el Ejercito Guerrillero del Pueblo, el cual formaría parte del gigantesco esfuerzo a favor de la independencia regional.

Masetti, convertido en el Comandante Segundo, ingresó con su destacamento en la provincia argentina de Salta en septiembre de 1963, y se internó en la región de Orán, limítrofe con Bolivia, para poner en marcha el proyecto revolucionario.

En marzo de 1964 se produjo un decisivo encuentro con la Gendarmería Argentina, la cual se apoderó de un campamento insurgente ubicado en La Toma, detuvo a cinco personas, e incautó provisiones y armas.

Los que no fueron detenidos en esa acción se reagruparon y Masetti ordenó a varios de sus acompañantes desplazarse en busca de alimentos y pertrechos, mientras él marchaba a la selva con la idea de consolidar el foco guerrillero. El 21 de abril de 1964, el jefe guerrillero entró en la jungla para no aparecer jamás.

Según su compatriota y también mártir Rodolfo Walsh: “Masetti no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido el cadáver del Comandante Segundo empuña un fusil herrumbrado.”

Por Hernán Vaca Narvaja para Agencia CTA
* Intervención de Hernán Vaca Narvaja en las Jornadas sobre Jorge Masetti realizadas en el Anfiteatro Eva Perón de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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