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11 de marzo de 2017

PARO DE MUJERES: DETENCIONES, TORTURAS Y DESIDIA JUDICIAL




Paro de Mujeres: Detenciones, torturas y desidia judicial


La marcha terminó y el encuentro parecía seguir a pesar de la tormenta. Cerca de la plaza, algunas mujeres comían pizzas y otras bailaban. No había ningún tipo de incidente. La policía -algunos de civil, otros uniformados- las atacó en una especie de razzia para ‘limpiar la zona’.

“Estábamos en calle Perú comiendo una pizza entre compañeros y aparecieron los canas a decirnos que nos fuéramos, que circuláramos. Las pibas que estaban detrás de nuestra mesa se resistieron a retirarse y nosotros igual”, contó Viktor Ans. “Pero yo le dije que estaba cenando y que no había estado de sitio. A las pibas se les tiraron encima cinco tipos de civil y las arrastraron de los pelos por calle Perú hacia Avenida de Mayo. Esas pibas no tenían nada que ver con lo de la Catedral. Nada. Ellas estuvieron cenando detrás mío todo el tiempo”.

Violeta es parte del colectivo Manifiesta. Había ido a cubrir la marcha junto a un grupo de otras once fotógrafas, todas identificadas como prensa. A ella, contó unas de su compañeras, la detuvieron cuando se acercó a registrar las detenciones. La empujaron contra un puesto de diaro, le golpearon la cabeza y le rompieron los equipos. “Con esto vas a aprender”, le dijo más tarde uno de los policías. Después “la obligaron a darle la clave de su celular”, contó Cintia, una de sus compañeras.

Las detenidas fueron repartidas en cuatro comisarías: la 1era, la Alcaldía de la Ciudad 4, la 7ma y la 30. Entre ellas había dos hombres y una adolescente. Las organizaciones de mujeres y varias abogadas estuvieron toda la noche en las comisarías y en tribunales.

Como uno de los detenidos era menor – luego se supo que quizás no sea así- intervino un juez de menores: Alejandro Rodolfo Cilleruelo, que ordenó las detenciones y la libertad de las mujeres. Las acusó por lesiones, daños y resistencia a la autoridad. Cilleruelo nunca estuvo en el lugar de los hechos, ni siquiera en su despacho. Al parecer, ordenó todo desde la casa.

Un grupo de abogadas, entre las que estaba la abogada lesbiana Luciana Sanchez, fue a tribunales a presentar un Habeas Corpus. La jueza de turno era Laura Graciela Bruniard: con medio millón de mujeres en la calle, las abogadas esperaban encontrarla en plena actividad. Su oficina estaba vacía. Se presentó recién después de la medianoche. “Nos trató todo el tiempo de expulsar de su despacho. Cuando presentamos el Habeas Corpus había 10 detenidas, cuando llegó ya había 30. No quería constituirse en las comisarías, mientras nos decían que estaban golpeando a las compañeras. Ella permitió durante varias horas que todo estuviera sucediendo”, contó Sanchez.

Las veinte detenidas estuvieron en una camioneta durante varias horas, sin decirles a dónde iban, orinando en un botellas de agua. Luego las distribuyeron en las distintas comisarías, donde las volvieron a golpear y humillar. Cintia estuvo toda la noche en la Comisaría 30, donde detuvieron a una de sus compañeras. “La policía era muy hostil, nadie dada ningún tipo de información”, contó. “Había siete pibas detenidas y dos pibes. A los pibes los cagaron a trompadas directamente. A las chicas le pegaron a un nivel de tortura. A una que estaba más angustiada la llevaron a un calabozo sola. Las mismas oficiales mujeres la golpearon cuando estaba sola. A una chica peruana la desnudaron y la revisaron con mayor saña que a las demás. Hasta le cortaron las pulseras que tenía. Nadie podía tener contacto, las pibas salieron con las muñecas hinchadas de las esposas”.

Mientras tanto, en tribunales, las abogadas vivían una situación hostil. Además de dejarlas paradas y sin un vaso de agua toda la noche, las querían obligar a ir a un baño en una zona oscura de tribunales, atravesando un patio en medio de la tormenta. Como se negaron, les dijeron que podían usar el baño de varones.

La jueza llamó a declarar a los comisarios a cargo del operativo. Solo se quedó con esa versión. “Nunca escuchó a las compañeras. Ni siquiera les preguntó cómo estaban ni recibió a las que fueron liberadas y quisieron ir a contarle lo que les habían hecho”, contó Sanchez.

Con la declaración de los comisarios descubrieron que el juez Cilleruelo había ordenado la libertad de las detenidas y que la propia policía estaba atrasando todo. Las últimas mujeres salieron a la calle entrada la mañana. Estaban en estado de shock, con las muñecas hinchadas y marcas de golpes. “Algunas se animaron a contar todo lo que vivieron acá. Se están acercando a distintos organismos del Ministerio Público para declarar y contar lo que pasó”, explicó Sanchez.

COSECHA ROJA

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