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2 de marzo de 2017

NECOCHEA EN CLARIN POR LA MAGIA DE LA JAZZ BRASS ENSAMBLE




Un viaje movido a la Necochea de antaño

Los conciertos de la banda de jazz Brass Ensamble en el hotel Presidente remiten a los años 30 y 40, la época de oro de la ciudad-balneario, cuando en la pionera Villa Díaz Vélez (el actual Centro Nuevo) relucían hoteles de lujo y chalés señoriales.

Los vientos se hacen oir con rítmicas melodías una noche de verano que transcurre fresca y en calma en el Centro Nuevo de Necochea. Esta vez no soplan sobre la “playa de suaves pendientes” de la ciudad-balneario ni alborotan las olas que avanzan sin convicción antes de deshacerse sobre la orilla. Son los poderosos sonidos de las trompetas, trombones y saxos de la orquesta Jazz Brass Ensamble, que salen disparados desde el salón comedor del hotel Presidente. Enseguida, el director José María Antenucci suelta un gesto casi imperceptible que invita a lucirse al guitarrista, el bajista, el baterista y el pianista y la orquesta marca con más énfasis los pasos de los comensales que se menean en la pista. La música ya es un bólido atronador que sobrevuela las mesas y va a parar derechito a los oídos de un puñado de turistas de a pie, sorprendidos en su paseo por la calle 4. La tumultuosa platea improvisada en la vereda se deleita con el repertorio y los cuerpos vibran al ritmo frenético de un tema atravesado por el swing de Oscar Alemán, rescatado del cofre de los mejores legados del guitarrista chaqueño.



A través de esta fiesta familiar que se enciende cada verano desde hace más de dos décadas, Alberto Echeverría -el dueño de casa- despunta su pasión por el jazz, aunque, sin habérselo propuesto, percibe que cada una de estas veladas (nada de llamarlas “recitales” o “shows”, para evitar un disgusto al maestro de ceremonia Oscar Geis) cala hondo en los más dulces recuerdos de los necochenses y sus visitantes. Desde el clásico “Tomando el tren A” de Duke Ellington hasta el inoxidable “Cuando los santos vienen marchando” que cantaba la áspera voz de Louis Armstrong (Satchmo), cada pieza interpretada por estos eximios recreadores de los bailes de típica & jazz recupera el brillo de los años dorados de Necochea y despierta el interés de los más jóvenes por descubrir los retazos de esa ciudad crecida entre las décadas del 20 y del 50, que sobrevive en ajadas fotografías sepia y blanco y negro. En esas imágenes borrosas persiste la cotizada Villa Díaz Vélez, asomada al mar desde elegantes chalés y hoteles diseñados para descansar a cuerpo de rey.


Al filo de la medianoche se escuchan los primeros compases de “Saint Louis blue” y la charla compartida por una familia de tres generaciones se apaga hasta que el trompetista sopla el último acorde. El más veterano del grupo apela a sus recuerdos más entrañables y cuela en la marea de aplausos su relato pausado, en el que vuelven a tomar forma los legendarios hoteles La Perla, Marino, Gran Necochea y Royal. Pero nadie se ocupa de escucharlo. Sus palabras se pierden en el vacío surgido alrededor: la amable invitación “Todos a bailar” finalmente arrastró a grandes y chicos.

CLARIN

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