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Un polémico proyecto de ley busca terminar con la obligatoriedad de las vacunas Por Valeria Chavez 28 de junio de 2017 / INFOBAE

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2 de marzo de 2017

DESPEDIR TRABAJADORES, LA FORMULA DE DUJOVNE PARA REDUCIR EL DIFICIT FISCAL por HORACIO ROVELLI




Despedir trabajadores, la fórmula de Dujovne para reducir el déficit fiscal, por Horacio Rovelli


El flamante ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anunció que el Gobierno incorporará metas trimestrales de déficit fiscal, que requerirán más ajuste en el gasto público para ser cumplidas. Horacio Rovelli afirma que para lograr ese cometido se imponen reducir el gasto primario mediante el despido de trabajadores, la transferencia de recursos al sector privado (privatizaciones encubiertas y declaradas) y el incremento de impuestos.

El discurso del nuevo Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, es más de lo mismo, y con el mismo grado de ignorancia y soberbia que tienen todo los defensores de una economía para pocos, y con los mismos justificativos vuelven una y otra vez a echarle la culpa al déficit fiscal, en este caso ocasionado por los subsidios, y no decir una palabra de lo que significa la reducción de las retenciones (derechos de exportación) a los productos agropecuarios, cuando todo modelo de crecimiento industrial históricamente se financió y se financia con el gravamen al campo.

Tampoco dicen una palabra acerca de que la principal causa del déficit vuelve a ser el pago de los servicios de la deuda y las altas tasas de interés interna y externa que encarecen desmedidamente la colocación de los títulos públicos en los mercados.

Con todos sus errores, que los tuvo, el gobierno anterior tenía en claro que debía detraer recursos del sector agropecuario exportador y que la tasa de interés interna debía ser negativa (crecía por debajo de los precios), y al no poder determinar la tasa externa, directamente no se tomaba deuda, es más se cancelaban obligaciones fiscales.

En la gestión kirchnerista no solo se le hizo una importante quita al capital adeudado, sino que los intereses de la deuda externa significaban un poco más del 1% del PIB, y se incrementó la provisión de bienes y servicios públicos (Más obra pública, más educación, más salud, más justicia, más seguridad, más bienestar general, más cultura), y paralelamente se logró financiar el gasto, básicamente, con recursos tributarios, de manera tal que, en el año 2002, la presión fiscal nacional era de solo el 16,52% del PIB, PIB que se fue acrecentando año tras año para ser un 100% superior en el año 2015 (Estimado en unos U$s 550.000 millones) y, sin embargo, la presión tributaria nacional total (en que una parte se coparticipa con las provincias) alcanzó el 28,71% del PIB en el último año de gestión del kirchnerismo, incluyendo, obviamente, los recursos coparticipados

Paralelamente ese año 2015, el gasto primario de la Administración Nacional representó el 23,42% del PIB, que sumado los intereses de la deuda por 1,78% del PIB, implicaron un gasto total de la Administración Nacional del 25,20% del producto.

Los ingresos propios (tributarios y no tributarios) de la Administración Nacional fueron del 20,7% del PIB, y los 4,5% faltantes se debieron a los subsidios (sobre todo energéticos y de transporte) que alcanzaron ese año la suma de $ 240.000.- al tipo de cambio de $ 9,70 por dólar unos U$s 25.000 millones.

En realidad, es fundamentalmente en los años 2014 y 2015 en que se incurre en la severa inconsistencia macroeconómica de financiar con emisión y déficit fiscal la ruptura de la transferencia de recursos de la producción agropecuaria (al contar con las tierras más fértiles del mundo dentro de las 32 millones de hectáreas cultivables), a la industria que se realiza principalmente por las retenciones (derechos de exportación) y el subsidio energético y de transporte.

En efecto, en pleno auge del modelo kirchnerista, por ejemplo el año 2007, los subsidios en energía y transporte fueron por $ 14.600 millones (a un dólar promedio de $ 3,10 significaron U$s 4.700 millones), contra retenciones por U$s 7.000 millones. En el año 2015 los subsidios fueron por $ 240.000 millones (y oficialmente cerró el tipo de cambio el último día de la gestión kirchnerista a $ 9,70 por dólar, equivalente a U$s 25.000 millones), cuando la recaudación por retenciones del año 2015 fueron de $ 75.860 millones (unos U$s 7.800 millones), esa brutal diferencia significó el déficit fiscal y su financiamiento por emisión de ese año.

Déficit que se financió con emisión monetaria siempre en procura que “tirando” la demanda y subsidiando la energía y el transporte, en algún momento los empresarios iban a incrementar las inversiones, cosa que sucedió en forma irregular y deficientemente.

El gobierno pierde las elecciones y gana el macrismo, que lo primero que hace es sacar todas las retenciones y reducir la de la soja, medida que sumada a la devaluación de nuestra moneda significó una brutal transferencia de recursos a los sectores más concentrados del campo y de las exportaciones del sector, para transcurrido un par de meses y viendo que la “lluvia de inversiones” no se producía, acometer una política de endeudamiento que supera los U$s 52.000 millones de dólares desde el 10 de diciembre de 2015 al 23 de febrero de 2017, dólares que en gran parte se fugan porque se le da todas las posibilidades de que se compren a precio vil en el mercado, y los que se queda el BCRA se convierten en dinero que la misma autoridad monetaria debe comprar en LEBAC y Pases, generando un deuda cuasi-fiscal de igual magnitud que toda la base monetaria (emisión de dinero puesto en circulación por el BCRA)

En ese marco, es que el joven e inexperto ministro, que toda su vida ha trabajado para el sector financiero y que por ende de las cuentas públicas lo único que sabe es la teoría que le enseñaron en cátedras pro mercado y que creen que lo mejor es que el Estado desaparezca, plantea, en forma irresponsable, el objetivo de cambiar el gasto público reduciendo los subsidios para llegar a su eliminación, por un lado, y por el otro, afirma que se debe reducir el déficit fiscal que será del 4,2% del PIB este año 2017, del 3,2% para el año 2018, y del 2,2% del PIB para el año 2019.

Para lograr ese cometido se imponen reducir el gasto primario (que es el gasto antes de los servicios de la deuda que inexorablemente crecen por el mayor endeudamiento y por la mayor tasa que se paga), que bajará de 23,8% del PBI en 2017, a 21,6% en 2019, y vaticinó que "si pudiéramos proyectar hasta 2023, mantendríamos esta política".

Obviamente que semejante reducción del gasto primario se puede hacer echando trabajadores a la calle (como hicieron no bien asumieron), más reducir la prestaciones de servicio público, transferir al sector privado (privatizaciones encubiertas y declaradas) funciones públicas e incrementar los impuestos, que en este último caso, dada su impronta pro capital, es sobre el consumo y la población, a la par que reducen los gravámenes al capital.

EN SINTESIS

En una economía que no termina de caer, que siguen cerrando pequeños y medianos (por ahora) emprendimientos industriales, que la construcción está parada, que el dólar vale lo mismo que el año pasado con un 40 -50% de inflación en el medio, que se incrementan las importaciones de bienes finales con lo que el único logro del año pasado, que fue obtener un superávit comercial, lo más probable es que se pierda este año, a la vez que se incrementa potencialmente los servicios de la deuda externa tanto público como privado. Que no se cuenta con un sector que impulse el crecimiento (se cae el Consumo, disminuyen las Inversiones, se reducen las Exportaciones y ahora se autoimponen reducir el Gasto Público), y finalmente nos preguntamos: ¿Cómo se va a pagar el mayor endeudamiento externo?

Se lo dijeron claramente los empresarios españoles a Maurico Macri, todo bien, somos de derecha como ustedes y como tal nuestro objetivo es desmantelar todo el andamiaje de la economía de bienestar de nuestro pueblo (para que por míseras monedas trabajen y de esa manera competir con la producción asiática), pero nosotros contamos con industria automotriz, con sólida actividad en la construcción, y con una estructura y red importante de servicios montados en el turismo al ser España toda tan visitada, pero ustedes pretenden recorrer el camino de desindustrializar, y crear polos turísticos, pero para ello tienen que convencer a la población que ese es el camino y las elecciones de este año dirán si el pueblo argentino está dispuesto a sufrir lo indecible para reconvertirse.

Lo que es peor, personalmente y después que Macri y Vidal ganaron elecciones, este humilde comentarista de la realidad Argentina no sabe cómo va a votar nuestra gente, por un lado, y, por el otro, si los que debieran ser sus representantes estarán a la altura de la circunstancia.

Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPPA (Economía Política para la Argentina).

(*) Fuente: Tecla Eñe
MOTOR ECONOMICO

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