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16 de octubre de 2016

SOBRE EL APARATO, LAS ELECCIONES, LA ORGANIZACION, LOS POSTULADOS PERONISTAS




Aproximaciones al Aparato político del peronismo.
SOBRE EL APARATO, LAS ELECCIONES, LA ORGANIZACIÓN, LOS POSTULADOS Y LA SOLIDARIDAD PERONISTAS


No se puede controlar al aparato. Por su misma lógica positiva, es necesario combatirlo. De la lucha contra el aparato surge lo que se puede entender como una instancia de “conducción del aparato”. Así, el aparato adquiere una función vital en la materialización de la voluntad política; voluntad que surge justamente desde la conducción política y no desde el propio aparato.

La comunidad organizada es el concepto que surge a partir de la disertación de Juan Perón en el marco del Primer Congreso Nacional de Filosofía, celebrado en la Ciudad de Mendoza el 9 de abril de 1949.

La correspondencia lógica y congruencia racional de los planteos esbozados dan cuenta de las obras de “Conducción Política” y “Doctrina peronista”.

En particular, esta obra es de importancia para la definición de los principios rectores que construirán el anhelo peronista de una sociedad justa, libre y soberana.

Estos postulados son:

“1- el hombre y la sociedad se enfrentan con la más profunda crisis de valores que registra su evolución (…)
2- el hombre puede desafiar cualquier mudanza si se halla armado de una sólida verdad (…)
3- si la crisis medieval condujo al renacimiento, la de hoy con el hombre más libre y la conciencia más capaz, puede llevar a un renacer más esplendoroso (…)
4- la preocupación teológica (…)
5- la formación del espíritu americano y las bases de la evolución ideológica universal (…)
6- el reconocimiento de las esencias de la persona humana como base de la dignificación y del bienestar del hombre (…)
7- la realización perfecta de la vida (…)
8- los valores morales han de compensar las euforias de las luchas y las conquistas y oponer un muro infranqueable al desorden (…)
9- el amor entre los hombres habría conseguido mejores frutos en menos tiempo del que ha costado a la humanidad la siembra del rencor (…)
10- el grado ético alcanzado por un pueblo imprime rumbo al progreso, crea el orden y asegura el uso feliz de la libertad (…)
11- el sentido último de la ética consiste en la corrección del egoísmo (…)
12- la humanidad y el Yo. Las inquietudes de la masa (…)
13- superación de la lucha de clases por la colaboración social y la dignificación humana (…)
14- revisión de las jerarquías (…)
15- espíritu y materia: dos polos de la filosofía (…)
16- cuerpo y alma: el ‘cosmos’ del ‘hombre’ (…)
17- ¿la felicidad que el hombre anhela pertenecerá al reino de lo material o logrará las aspiraciones anímicas del hombre el camino de perfección? (…)
18- el hombre como portador de valores máximos y célula del ‘bien general’ (…)
19- hay que devolverle al hombre la fe en su misión (…)
20- la comunidad organizada, sentido de la norma (…)
21- la terrible anulación del hombre por el Estado y el problema del pensamiento democrático del futuro (…)
22- sentido de proporción. Anhelo de armonía. Necesidad de equilibrio”

(PERÓN, Juan Domingo. “La comunidad organizada”, Integración Americana, 1996)

El concepto de aparato es heterogéneo en razón a la existencia de múltiples y diversos aparatos que funcionan dentro de la sociedad.

En la medida en que las relaciones humanas adquieren mayor complejidad, van surgiendo los aparatos que enmarcan dichas relaciones hasta el nivel individual o particular.

Principalmente, observamos aparatos económicos, sociales y políticos.

El aparato económico hace referencia a la superestructura de la economía, al sistema financiero, a la división internacional del trabajo y las fuerzas productivas.

El aparato social reproduce valores e impone pautas para la conducta de los grupos en la sociedad; es la religión, los medios de comunicación, etc.

El aparato es la cosificación de la política.

El aparato político del justicialismo es, entonces, la cosificación de la doctrina peronista.

Esta definición es genérica, y necesita ser desarrollada en diversos aspectos.

El aparato es también un conjunto de intereses desarticulados, puestos en función de un objetivo que no es superficial, es decir, que no está a la vista inmediata.

El aparato carece de voluntad, por lo que no puede ser puesto en función de los designios particulares de nadie.

No se puede controlar al aparato.

Por su misma lógica positiva, es necesario combatirlo.

De la lucha contra el aparato surge lo que se puede entender como una instancia de “conducción del aparato”.

Así, el aparato adquiere una función vital en la materialización de la voluntad política; voluntad que surge justamente desde la conducción política y no desde el propio aparato.

Lo que se necesita es:“(…) un sistema completo de transmisiones permanentes.

Esto es algo que tiene un valor importantísimo, aunque nos parezca que no.

Que todo el mundo esté igual y oportunamente informado, después de la unidad de concepción, es lo único que asegura la unidad de acción.

De nada vale que nosotros lo pensemos si no lo hacemos pensar a todos los demás que deben actuar.

De manera que esto, que parece una cosa secundaria, es fundamental.

Hay que organizar un sistema de transmisiones permanentes y completas para que las noticias, informaciones, disposiciones, directivas y órdenes lleguen oportunamente y a todas partes, porque, si no, la aplanadora no se forma.

Esa aplanadora, de que tanto hemos hablado, no marcha, no funciona.

Este defecto lo he observado mucho en nuestro trabajo, y es muy común.”

(PERÓN, Juan Domingo. “Manual de conducción política”, CS, 2005, p.169)

El aparato tiene esta doble faceta: por un lado, a través del ejercicio de la conducción política se convierte en la herramienta para la organización del poder popular, o cuando menos, de las fuerzas políticas del movimiento; por el otro lado, esa misma red de información e informantes adquiere un cariz oscuro cuando las acciones del imperialismo logran diseminar la corrupción hacia el interior del movimiento, y, también, en las situaciones en que un dirigente traiciona o vende estos principios:

“Cuando un peronista, aún en la acción política pequeña, quiere sacar ventaja para sí, está perjudicándose él mismo.

Es tan ignorante y poco profundo, que no se da cuenta de que al proceder así hace un gran mal al movimiento, y que si el movimiento fracasa, él va a ser uno de los fracasados, no un triunfador.

Para que triunfemos cada uno de nosotros tenemos que empezar por hacer que triunfemos todos en conjunto; de allí saldrá el triunfo para cada uno en la medida que cada uno lo merezca, si hay justicia; y si hay injusticia, hay que soportar virilmente los golpes y tratar de llegar más lejos que los demás que no posean esas virtudes.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p. 290)

De cualquier manera, vuelve a hacerse presente la invocación a los valores morales y éticos que el conductor debe poseer.

El arte de la conducción política requiere de artistas sensibilizados con el medio que los rodea y que a su vez les permite llevar adelante la obra.

En el esquema de razonamiento peronista, el aparato no es el que determina la subjetividad del conductor, sino al revés.

Es el conductor subjetivado, con la claridad que demanda su tarea, el que debe imponer el rumbo al aparato, sino no hay política.

Por eso quien decida hacer política con el aparato tiene que tener en cuenta lo siguiente:

“Un político debe poder decir, cuando se le presenta una situación, mirando y conociendo a la masa; debe poder decir –repito- inmediatamente: ‘esa masa va a reaccionar de tal manera; esa gente, si yo les digo esto, va a reaccionar así; si les digo esto otro, va a reaccionar de esta otra manera.

Es decir, debe ser un hombre que con un escalpelo, como hacen los médicos, toque los puntos del cerebro y haga maniobrar los brazos a ciegas, sin estar tanteando.

Él debe saber perfectamente cuál será la reacción de la masa, porque el juego, dentro de la conducción de la masa, es siempre un juego de acciones y reacciones; vale decir, que el conductor, no solamente debe conducir la masa por donde él quiere, sino que también debe considerar lo que la masa quiera.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.297)

Lo que Perón llama el “juego de acción y reacción” es el proceso mediante el cual podemos identificar la relación dialéctica entre la conducción política y el aparato del peronismo.

Desde la conducción se trata de imponer direccionalidad al aparato, para que funcione como cuerpo y actúe bajo los designios de la cabeza.

Sin embargo, el aparato, que contiene a la masa, reacciona.

Por un lado reacciona como aparato propiamente dicho, estos es a la conservación del statu quo.

Por el otro lado reacciona la masa, con sus intereses desarticulados. Sigamos al general:

“El que conduce una masa, una población, un sector de ella o una colectividad organizada, debe hacerlo en base a las reacciones.

Él no la debe llevar solamente con discursos o por las mentiras que pueda inventar.

Él la debe excitar y así hacerla marchar en la dirección que quiere.

De esa manera la conducción se facilita extraordinariamente.

Uno no lleva a la masa; la masa va sola, por reacción, a donde uno quiere que vaya, conjugándose así dos factores: la voluntad individual del conductor y la voluntad de la masa que él sabe interpretar en el momento oportuno.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.298)

La perspectiva del peronismo indica que la praxis política es una actividad creativa y creadora.

El aparato, cualquier aparato, es producto de determinadas relaciones que se dan el marco de una sociedad, cuando quedan “cosificadas”.

El aparato político entonces es el resultante de los procesos políticos.

En particular, el peronismo ha sufrido procesos internos y externos que lo condicionaron fuertemente.

Esos determinantes muestran a las claras que la capacidad de reinvención o resignificación de la doctrina peronista reside, justamente, en la concepción creadora de la acción política:

“Cada conductor crea su instrumento.

Eso será a la vez el reaseguro del peronismo, para que nunca estemos tentados de tener una mala intención, para que seamos siempre instrumentos del pueblo y no lleguemos jamás a hacer del pueblo un instrumento nuestro.

Por esa razón, al hablar del conductor es necesario decir que forma sus fuerzas, las organiza, las instruye, las prepara y las conduce.

De lo contrario, no es conductor.

Cada conductor crea su instrumento como cualquiera que debe realizar un trabajo.

Nadie lo puede hacer en su lugar, de manera que él tenga algo que agradecer.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.161)

Lo que se va configurando a partir de lo dicho, es que la conducción política sobre el aparato requiere de cualidades personales específicas y de una comprensión real de la masa que se pretende conducir. En el escenario de lucha interna con el aparato, la lógica de la praxis política peronista indica que la clave está en “hacerse seguir”:

“El conductor no lleva a nadie.

A él lo siguen; si no, no es conductor.

En la política, es una técnica total y absolutamente distinta de todos los demás tipos de conducción.

El político que quiere llevar gente… no llegará a su objetivo.

Es como aquel que decía: ‘le mando doscientos votantes, pero devuélvame los bozales’.

¡Ese no puede ser conductor!

El conductor no debe llevar a nadie.

Él va delante, y los que quieren, lo siguen.

Los que tienen que hacerse seguir a la fuerza no van lejos.

En la política eso es fundamental.

De manera que la tarea fundamental del conductor político es hacerse seguir.

Y uno se hace seguir por dos cosas: porque dice la verdad que conviene a todos y porque la cumple honorable y estoicamente.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.203)

La doctrina peronista adquiere mayor relevancia aún cuando se plantea como vía de profundización y garantía para la consolidación de la organización.

Esto se da, por supuesto, invocando nuevamente valores morales.

El peronismo busca resignificar la acción solidaria y la postula como condición necesaria para la ejecución de la conducción política, para el encuadramiento y el ordenamiento espiritual.

Es la doctrina que funda la praxis solidaria dentro del esquema político del peronismo:

“No hay conducción de masas, por bien organizada que esté en lo material, sino se ha creado por adoctrinamiento una acción solidaria.

Ustedes lo pueden observar todos los días con los pequeños caudillitos que todavía actúan dentro del peronismo.

Esos no tienen acción solidaria, no tienen una conciencia justicialista y peronista ni tienen una conciencia social.

Sin esos dos estados de conciencia, la política es una cosa muy difícil.

El justicialismo o peronismo es una gran bolsa en la cual cada uno pone un poco de lo que él conquista y de lo que él tiene, de manera que cuando se ponen cosas dentro de esa bolsa nadie se puede pelear.

Se pelean cuando algún vivo quiere meter la mano en la bolsa y sacar algo.

Vale decir, que la acción solidaria está afirmada en esa conciencia política y en esa conciencia social.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.288 y 289)

Esta praxis solidaria, para ser eficaz, debe ser llevada adelante en todos los planos y de manera integral.

El compromiso de los componentes internos del movimiento para con la acción solidaria, redundará en beneficios colectivos e individuales:

“Empujar con lealtad desde cada puesto.

Los que gobiernan, los que conducen la política, los que la conducen en el campo estratégico y los que la conducen en el campo táctico, deben empujar desde el puesto que les ha correspondido, y al que tienen derecho, y empujar lealmente y corriendo ligero, pero no haciéndole zancadillas al que corre al lado para hacerlo caer y ganar él.

No; con formas lícitas cada uno en su andarivel, como decimos los que hemos hecho atletismo, sin molestar a los costados.

Si la conducción se realiza en esta forma, todo se facilita, absolutamente todo.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.158)

En la lucha política trascendental, la lucha por la liberación nacional, se disuelve la lucha interna con el aparato, y el bloque debe consolidarse para enfrentar al enemigo imperialista:

“Hay que ser fuerte en un lugar y en un momento, y por eso hay que tener todo en la mano para poderlo manejar a fin de conducir (…)

Hay que ganar la calle en un momento y en un lugar decisivo.

Pretender tener siempre la calle es gastar la fuerza y no ser nunca fuerte. (…)

Todo esto tiene una técnica, no se hace porque sí.

Esa técnica es la que hay que dominar en la conducción, y está basada en principios científicos, en los verdaderos principios del arte de la conducción.

No se conduce a ojo de buen cubero, sino a conciencia y estudiando minuciosamente un problema y resolviéndolo todo científicamente.

Hay que hacerse un conductor, un profesional, si es posible, dominando los principios del arte y aplicándolos bien y oportunamente.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.170 y 171)

Hemos realizado las aproximaciones generales al concepto de aparato político del peronismo.

Es un debate sin agotar.

Las aristas que propone dicho objeto de estudio son incontables, pero teniendo como base las piedras angulares de la doctrina peronista, es posible realizar un sendero más o menos claro sobre el tema en cuestión.

La situación, sin embargo, debe ser complementada con un último planteo.

El aparato es el producto de conducciones políticas anteriores, de procesos internos y externos al peronismo.

La política, bajo el sistema liberal burgués, tiene su cuello de botella en el momento de elecciones.

El proceso del sufragio colectivo es determinante para la actividad política en sentido restringido.

Si bien aceptamos la diversidad de planteos críticos al sistema político mencionado, dejaremos las alusiones contradictoras a la realidad a los intelectuales de gabinetes.

Existen cuestiones objetivas que no pueden ser negadas.

La democracia representativa, bajo el sistema liberal burgués, en un mundo capitalista dominado por imperialismo en permanente disputa, el campo nacional-popular del país más austral de América Latina debe centrar sus esfuerzos en el copamiento de la democracia.

Esto significa buscar el perfeccionamiento del proceso y de todo lo que conlleva, mediante la participación activa y comprometida de los sectores populares.

Dicha participación debe ir buscando mayores grados de efectividad.

Entonces, el aparato parece difuminarse durante el proceso eleccionario.

Esto alteraría a los académicos gorilas críticos del aparato y las estructuras.

No es válido escandalizarse.

Lo válido es racionalizar los procesos y contrastar los postulados con la realidad. Práctica y teoría.

Lo cierto es que el aparato se hace visible en su nivel más material durante el proceso de elecciones: traffics, fiscales, recursos financieros, etc.

Pero la política es la que predomina en la escena.

Si esto no es así, la representatividad de las elecciones se ve morigerada.

Es la estrategia del bloque oligárquico-imperialista: mellar la participación efectiva de los sectores populares e impulsar la anarquía de los aparatos partidarios.

Sucede que si al aparato se le mete plata, y plata sucia, se convierte en un híbrido, producto de la violación oligárquica al cuerpo ideológico de los sectores populares para su defensa.

Pero la realidad sobre el aparato durante las elecciones, la sintetiza Perón:

“Para mí, la elección es un acto cuantitativo.

Son votos que se meten dentro de las urnas, los hombres que comparte mis ideas y las de todos los que pensamos así, ¿necesitamos estar organizados?

Lo que necesitamos es gente que vote, y para eso no es necesario organizar.

Es cuestión de llamar a la gente para que vote.

Y si nosotros hemos persuadido al pueblo argentino de que tenemos razón, ¿para qué vamos a tener comités?

Efectivamente, los hechos me dieron la razón en las elecciones, pues con lo poco que pudimos hacer nosotros orgánicamente se superó todo lo previsto.

¿Qué iba a conducir a una masa como la que tenía el peronismo, total y absolutamente inorgánica?

¿Qué conducción política podíamos hacer?

Para conducir hay que tener un comando superior, también organizado, que pueda actuar.

Si no se cuenta con eso, es mejor callarse la boca y no conducir; hay que dejar que todo se conduzca solo, sobre todo en la elección, que es un acto cuantitativo.

Los hechos me dieron la razón en estos problemas a pesar de que no teníamos nada.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.156)

Por el otro lado, las elecciones representan un momento puntual, preciso.

Para el resto hace falta organización.

Es decir, aparato:

“Para gobernar es imprescindible la organización.

El tiempo, que nos dijo que para ganar elecciones no se necesitaba organización, nos dijo, después, que para gobernar es imposible hacerlo sin tener una organización, porque el gobierno es un acto cualitativo.

Ahí se necesita seleccionar a los hombres.

Y hemos pagado caro, en el peronismo el no haber estado organizados y no haber seleccionado los hombres con que hemos actuado.”

(PERÓN, Juan Domingo. Ob. Cit., p.156)

NACIONAL Y POPULAR


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