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3 de octubre de 2016

LEANDRO SANTORO: “LO IRREVERSIBLE ES EL GRADO DE CONSCIENCIA POLÍTICA”




“LO IRREVERSIBLE ES EL GRADO DE CONSCIENCIA POLÍTICA”

Fundador de Los Irrompibles, Presidente de la Juventud Radical en el 2004 y candidato a Vice Jefe de Gobierno Porteño por el FPV. Se define como alfonsinista con los mismos códigos culturales que los pibes de La Cámpora. En tan sólo unos días estará en Atlanta junto a Leopoldo Moreau y Cristina Kirchner conmemorando los 100 años del voto popular. Nada le sorprende del rumbo del nuevo Gobierno, es el neoliberalismo, el mismo que golpeó al pueblo en el 76, 89 y 2001. Docente universitario en las aulas y tras las rejas, Leandro Santoro no esquiva ninguna pregunta, menos aún la autocrítica porque “Vamos a Volver para hacer todo lo que nos faltó y para construir la Patria Socialista”.

El primer encuentro con Leandro fue en el Subte A camino a la Marcha Federal. Por suerte, esta vez, el Parque Rivadavia iba a ser testigo de una charla sin un túnel que la silencie. En el corazón del barrio de la veleta (rodeados de libros, primaveras, cuerpos en movimiento, infinitas tonalidades de verdes y rejas) una contradicción nos gobierna: allí, en tierras que antaño pertenecían a los Lezica, familia rica si las hubo en nuestro país y una de las encargadas de financiar la Guerra de la Triple Alianza (perdón, la masacre a Paraguay), también se erige el único monumento a Simón Bolívar en la Ciudad.

– Una tensión interesante es la que se da aquí en este parque…
– Puede ser… esa es la clase media. La tensión entre esas contradicciones: entre las limitaciones de sus condiciones materiales para poder desarrollarse como aspira y al mismo tiempo esa consciencia de clase que genera cierta culpa por lo que tienen. Es decir tener menos de lo que le gustaría pero más de lo que su consciencia culposa le permite ser.

– Muy jauretcheano… ¿Te formaste leyendo a él?
– La verdad es que no le dediqué el tiempo que me hubiese gustado dedicarle a la lectura de los autores nacionales. Mi formación es de filosofía y teoría política. En realidad empecé a leer cuando entré a la universidad, en el CBC. Pero a los trece años llegué al local de Formosa 114, aquí en Caballito. En ese momento, en el 89, el espacio todavía era parte de la Junta Coordinadora, que se terminó de desarmar en el 91. Tenía la mística de una organización colectiva, que tenía un sentido de organización muy clara y una presencia territorial muy fuerte. Era una organización con una mística muy especial, la veías en el barrio. Se sentía el radicalismo. Las concentraciones en Ferro, los bombos en Acoyte y Rivadavia… Bien pasional. Y me aproximé a partir de ello. Vi el fenómeno y después lo comprendí y mucho tiempo después lo racionalicé y lo teoricé.

Lo que me convocó fue la mística. No era solamente la repetición de prácticas y de conductas, Era ser parte de un proyecto colectivo con un liderazgo muy fuerte de Alfonsín con una misión transcendente con los objetivos de la patria. Ser parte de algo que te supera, eso es lo lindo de ser parte de una organización: sabes que sos importante pero no sos imprescindible. Donde los objetivos son siempre de larguísimo plazo y que los cambios cuando son profundos son estructurales, entonces demanda mucho sacrificio (y el sacrificio se valora) y hay que poner en línea lo personal con lo colectivo.

– Tuviste primero una formación práctica y luego teórica, al revés, quizás, de lo común.
– Sí… en la facultad me interpeló Marx, Althusser y Gramsci. En ese orden. Primero estudié Abogacía, luego Sociología, y finalmente Ciencias Políticas… militaba mucho. Aprendí a tocar el redoblante y pintar paredes antes que sentarme a leer. Luego pasé a la docencia en la carrera y en la cárcel pero tardé mucho en recibirme.

Justo ayer charlaba con compañeros de La Cámpora Secundario y decíamos que nosotros necesitamos y debemos reivindicar lo lúdico, los aspectos lúdicos de nuestra militancia. Salir a pintar, preparar los bombos, preparar una mesa con volantes… En el encuentro y en el hacer cosas juntos, independientemente del objetivo, hay buena parte de la explicación de por qué somos lo que somos y de lo mejor de nosotros.

– Pero hoy puedes ir presos si salís a pintar.
– Sí… ¡qué se yo! Mañana salgo a pintar. Tampoco creo que hubo una decisión política en ello que pasó. Durante doce años los tipos sintieron que la política de derechos humanos lo limitaba y ahora le soltaron la correa al perro. Igual no exculpa a la clase dirigente: no los controlan y le dieron el control de la calle. El aparato represivo, que está absolutamente militarizado, necesita ser controlado, formado y reformulado permanentemente. Más en una sociedad tan autoritaria como la nuestra, esto no es Noruega.



ALFONSÍN REBELDE
Luego del accidente automovilístico de Raúl Alfonsín en el 99, Los Irrompibles deciden hacer, durante más de 40 días, guardia en el Hospital Italiano esperando la recuperación de su referente. Ese gesto de amor hizo que, a partir de ese año, lentejas o asados mediante, comience una relación mucho más estrecha entre la agrupación y quien fuera Presidente del país.

-¿Por dónde pasaba la discusión política en los 90 mientras lo único que se fomentaba era el individualismo?
– Éramos muchos los que discutíamos. Estábamos desorganizados pero te encontrabas. No es que había una orga que contenía a todos los intelectuales del campo popular. Pero sí ocurría que en la Universidad o en una marcha te encontrabas con gente brillante. En las marchas contra el indulto te hacías vínculos con gente que había militado en los 70 o que había estado exiliado y tenían muchas ganas de hablar. Era como cuando León Gieco dice: “se saludaban los pelos largos”.

Lo que empieza a ocurrir durante los 90 es que el partido Radical empieza a girar hacia la derecha. La reforma cultural que operó sobre la sociedad también operó sobre la dirigencia radical y como la sociedad se menemiza el radicalismo se delaruisa y el delaruismo era una suerte de moderación de la línea política del partido, la aceptación del pragmatismo del peronismo… y Alfonsín empieza a resistir a todo eso, para nosotros fue el Alfonsín más rebelde.

Nosotros en el 94-95 ya teníamos una organización, Los Irrompibles, y Alfonsín estaba en su mejor momento. Se pone a reflexionar y a escribir, se dedica a la teoría política y social. Empieza a dar discursos y confronta muy fuerte y muy claramente contra el neoliberalismo cultural e ideológico que ya estaba instalado en pleno menemismo. Tenía las lecturas en el momento necesario y las traduce en consignas políticas.

La dirigencia radical decía “Alfonsín es piantavoto” pero la base social del radicalismo lo amaba. Entonces, vos tenías al líder del radicalismo pero al mismo tiempo tenía dificultades para construir una mayoría electoral porque la dirigencia sabía que él tenía un piso muy alto pero un techo muy bajo por el recuerdo a la hiperinflación. Igual hoy con Cristina: toda la dirigencia del PJ no quiere hacer política con ella pero no pueden dejar de reconocer que el peronismo la tiene a ella como conductora.

– Viviste al lado de Alfonsín una de las mayores crisis de la historia de nuestro país…
– Ya en el 99 Raúl mismo nos decía, “esto se va a la mierda”. Él tomaba una metáfora de Rodolfo Terragno que decía: “la convertibilidad es un corset: si vos te quedás se arma un quilombo bárbaro y si salís también”, pero Raúl planteaba que había que salir de la convertibilidad con una suerte de canasta de monedas. Salir requería una ingeniera financiera impresionante. El punto era tomar la decisión de hacerlo. Alfonsín, incluso, plantea que teníamos que renegociar la deuda. El creía más en Chacho, con quien había construido una relación en el 97, que en De La Rúa. También creía que los sectores que acompañaban a De La Rúa lo podían ir llevando… pero no pasó.

– ¿Y cómo se entiende que hayan hecho campaña a favor de De La Rúa sabiendo lo que quizás iba a pasar?
– Primero porque la alternativa era Duhalde y era muy complejo. En segundo lugar porque siempre creíamos que había que preservar el radicalismo como herramienta. Un partido centenario teníamos que cuidarlo: se construye en 100 años y se destruye en cinco minutos. Teníamos que cuidar el partido, había gente muy valiosa.

Alfonsín nos convoca y nos dice: “esto se va a la mierda pero lo que no puede pasar es que se diga que se va a la mierda por nosotros”. Eso lo tenía claro. Se termina yendo todo a la mierda y De La Rúa trabaja la idea de que a él lo voltea un pacto en la provincia de Bs. As. Alfonsín-Duhalde. Cosa que no existió, lo que sí existió fue que lo trajo a Cavallo al Gobierno, eso fue lo peor… aunque
después de López Murphy Cavallo parecía Keynes.

– Y a vos, como Leandro Santoro, ¿qué te pasó cuando explotó todo?
– Con Los Irrompibles armamos una campaña diciendo “Esto no es radicalismo”. La idea en concreto era que no va más el neoliberalismo. Decíamos que la Argentina no la fundieron ni los radicales ni los peronistas, la fundieron los neoliberales que están en todos los partidos. Juntamos plata y salimos a pintar todo Caballito con esas consignas dejando en claro que la desigualdad y la pobreza no es radicalismo. Para mí fue como una liberación. Sabíamos lo que iba a ocurrir y la incorporación de Cavallo fue el límite.

Con Los Irrompibles tuvimos miles de virajes políticos, virajes ideológicos ninguno. Siempre en el mismo lugar, nosotros íbamos a los actos con la bandera de Cuba, la del PT y la de Venezuela. Hoy los pibes que se quedaron en el radicalismo si llevan una bandera cubana es hasta bizarro.



CAMPO (NACIONAL Y POPULAR)
– Hay una frase tuya muy piola que la tuve que copiar: “En el campo del pueblo hay gente de tu partido, pero del otro partido también. Y en el campo del enemigo hay gente del otro partido, pero del tuyo también.”

– Es una canción de la guerra civil española: “Cuando querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”. Nosotros la adaptamos: “Cuando se suma se suma. Hay que saber sumar bien porque en el campo del pueblo hay gente de tu partido, pero del otro partido también. Cuando se resta, se resta. Hay que saber restar bien, porque en el campo enemigo hay gente de otro partido, pero del tuyo también”. Eso pasa en los partidos populares, en los partidos de masas que por definición son heterogéneas y tenés distintos sectores. Pasa en los liderazgos carismáticos como el de Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Néstor o Cristina. Tenés de todo, porque se junta de todo.

– Pero siempre dentro del campo nacional y popular.
– Sí… defendiendo la política. Eso es lo primero. Pasa que el campo popular es una construcción histórica, a veces hay y otras no. Es como la clase. La clase no es solamente la posición que cada sector social ocupa en el proceso de producción. No. La clase es la capacidad de organización política como consecuencia de la consciencia de clase. Entonces, el campo nacional y popular no existe porque siempre existe. Existe cuando tiene consciencia, se organiza y se moviliza. Si los grupos sociales no tienen consciencia de clase, de las relaciones de fuerzas y de poder que los atraviesa, no se organiza y no se moviliza, entonces no hay campo popular.

– Si hay una continuidad entre Yrigoyen y Perón… ¿También la hay entre el peronismo y el alfonsinismo y entre el alfonsinismo y el kirchnerismo.
– Primero el Yrigoyenismo viene a aportar la idea de democracia política, la inclusión social de la gente al sistema político y el peronismo expande ese concepto y lo lleva a la idea de democracia social. Es decir: de los derechos individuales a los derechos políticos y de los derechos políticos a los derechos sociales.

Lo que después ocurre, creo, es que el alfonsinismo termina de cerrar el círculo del Yrigoyenismo cuando garantiza no solamente los derechos individuales sino los derechos políticos para siempre. Y creo que el kirchnersimo termina de cerrar el círculo con el peronismo. Lo irreversible es el grado de consciencia política en términos de asumir los derechos políticos y sociales como propios por la gente.

Creo que la continuidad ocurre en términos de lo que Laclau diría “la construcción de un sujeto popular como protagonista”. O sea, el gobierno de Alfonsín es el primer gobierno en muchos años, después de Perón, que logra constituir al pueblo como el sujeto político del cambio. Era una democracia movilizada, era una puja de poder contra las corporaciones y una democracia que se materializaba, lo que García Linera denominaría la “Democracia Plebeya”. Eso desaparece y se desarticula durante el menemismo como consecuencia del disciplinamiento social que provoca la desocupación. Y cuando parecía que aquello no iba a volver nunca más aparece Néstor y empieza de a poco a reconstruirlo. Otra vez, entonces, los empoderados, el pueblo, como protagonista.

LA POLÍTICA MEDIATIZADA
En el camino que se fue trazando durante la charla la irrupción del macrismo es constante. Bombardea la secuencia Yrigoyen-Perón-Alfonsín-Néstor-Cristina con la misma violencia que los militares en el 55, 76 y el neoliberalismo a flor de piel en los 90.

– Laclau lo que dice es que el populismo, o el momento populista, es el momento en que un sector social se organiza para ser protagonista y participar de las discusiones de lo público y hace política. Es protagonista en la política. Cosa que no siempre ocurre. Hoy hay una situación de tensión: hay un sector popular que está resistiendo pero Macri no interpela al pueblo ni a la gente, más bien cree en un concepto de democracia delegativa, donde los ceos o la tecnocracia son los que resuelven los temas y en todo caso la gente lo que tiene que hacer es ir cada dos años a las elecciones a revalidarle los títulos.

– La anti política total…
– Sí, es la anti política. Pero lo que muchas veces pienso es en la comparación entre el Gobierno de Macri y el de Menem. No sé si el macrismo se sentiría cómodo con la definición de anti política, el menemismo sí se sentía cómodo. La gente asociaba la hiperinflación con el exceso de política y hoy se asocia a la corrupción al exceso de política. Sin embargo las condiciones socioeconómicas no explotaron en el 2015 como sí explotaron en el 89. Hay un sector social que reivindica su condición de militante o sujeto político y entra en tensión con una propuesta que todavía no termina de definirse. Ellos tienen una propuesta para la forma de organizar la sociedad y tienen una propuesta para organizar la economía. Todavía no tienen una propuesta para organizar la política.

– ¿Les interesa?
 -Sí, les interesa porque tenés que alinear las tres esferas para gobernar.

– ¿Pero no te da la impresión de que vinieron por objetivos y no por plazos?
– No… tal vez Aranguren sí. Pero el sector político del Pro no. El sector que hoy está cumpliendo la función histórica de los partidos políticos en la Argentina es el poder mediático. Para la reconfiguración de la esfera económica: neoliberalismo; para la reconfiguración de la esfera social: meritocracia y elitismo; para la reconfiguración de la esfera política no tienen discurso todavía… y ahí aparecen los medios.

Los medios tienen dos formas de operar: sobre el sentido común de la gente y sobre el círculo de poder del Gobierno. Algunas editoriales no son pensadas para la sociedad, son pensadas también como mensajes para el poder político. No necesariamente las tapas son para el conjunto de la sociedad. Pueden ser dirigidas, incluso, para un solo tipo. Los intelectuales orgánicos del pro son los editorialistas de Clarín y La Nación. Son los tipos que le fijan la agenda y además están pensando en el mediano y en el largo plazo, ellos son los que están preocupados por la estabilidad del modelo.

Si a Aranguren le va como el orto, mañana se va a vivir a Francia. Pero los periodistas de Clarín y La Nación no van a hacer eso, se van a quedar a vivir acá. Pasa que tampoco les da el cuero para hacerse cargo y poner el cuero propio para ir a una disputa electoral, entonces prefieren influir sobre el aparato político del Pro que hacerse cargo y ser ellos una alternativa de poder.

– ¿Te sorprende algo del macrismo en el Gobierno?
– Me sorprende la improvisación. Pensé que iban a cuidar más lo institucional, la planificación y el diálogo. El rumbo estaba claro. Quizás también imaginé algunas políticas sociales más novedosas, más activas y más eficientes porque era el flanco que tenía que cuidar la derecha. Es decir, tenían que sobreactuar eso para poder hacer lo otro. Pero ni siquiera se tomaron ese trabajo.

Muchas veces nosotros decíamos: “el kirchnerismo no es completo, no es absoluto, tiene falencias” pero cuando lo empezás a comparar con lo que están haciendo estos tipos lo que se hizo fue fantástico. La diferencia entre lo deseable y lo posible. Creo que todos somos más conscientes de lo que se logró a partir de lo que estos tipos nos proponen.



ALFONSINISMO-KIRCHNERISMO
– Desde el minuto uno me sentí interpelado por Néstor. Te lo digo honestamente. Néstor hizo todo lo que a mí me hubiese gustado hacer. Al toque me di cuenta que no era Menem. Al principio a Los irrompibles nos acusaban de K, y dentro de la lógica partidaria tenían razón. Pero para contextualizar es importante lo siguiente: Nosotros, como juventud radical, hicimos un afiche con las caras de Lopez Murhpy, Menem, De La Rúa y Cavallo que decía “entre estos tipos y yo hay algo personal”. Y el debate fue, en el 2004, porqué no lo incluimos en esos afiches a Néstor, y nuestra respuesta fue que estábamos criticando a los neoliberales y Néstor era populista.

Todo el tiempo era una acusación de que éramos k porque obviamente simpatizábamos con las medidas pero las críticas que hacíamos era que esas medidas eran insuficientes (Fíjate como son las cosas que el otro día escuché una charla grabada en nuestro comité donde Alfonsín defendía a Néstor y yo lo criticaba diciendo que no había nacionalizado YPF… después lo hicieron). Pero Para nosotros el radicalismo k era Cobos, entonces ¿cómo no ser antikirchnerista? Si vos eras radical de izquierda y Néstor lo elije a Cobos… hagamos el esfuerzo de entender esa situación: Cobos era cualquier cosa menos un tipo de izquierda…

A ver: todos estos procesos tienen como distintas instancias. Vos tenés la pureza y convicción ideológica que te hace ser un jugador distinto, por ejemplo: para la renegociación de la deuda había que tener unos huevos tremendos. Y para nosotros cosas como esas eran complicadas, porque no estábamos preparados para la aparición de un peronismo de izquierda, si supuestamente nosotros habíamos construido en el radicalismo la superación por izquierda al neoliberalismo.

Nosotros acompañamos el 100% de las batallas que dio el kirchnerismo, puteándolo pero acompañando (ser oposición te permite eso también). Pero era muy loco, porque hacia adentro del partido éramos kirchneristas y hacia afuera trabajábamos toda la lógica antikirchnerista para que no nos deslegitimen. Para colmo Moreau empieza a girar en ese momento y dice “Loco, ya está. Con estos tipos no vamos a ningún lado (en relación a los dirigentes radicales) no sirve ninguno”, y es muy violento abandonar tu partido, es como irte de tu casa

– ¿La sensación es que abandonaste el partido? Si así fue, ¿cuándo fue el momento preciso?
– Sí, claro. Yo siento que soy otra persona. Y el click, el día que dije “esto no se recupera más”, fue en las elecciones del 2011, cuando Ricardo Alfonsín hace el acuerdo con De Narváez. Dije “Bueno si el apellido de Alfonsín acepta acordar con De Narváez a partir de ahora vale todo”. Ahí empecé a pensar cómo nos vamos y a dónde y lo cierto es que nunca imaginé que el Cuervo Larroque iba a tener tanta buena onda conmigo.

Me di cuenta al toque como venía la mano, un tiempo antes: cuando muere Néstor y vi a todos los pibes en la televisión dije “ah no… estos van a reconstruir el alfonsinismo”, porque el alfosinismo era eso: los chicos, los intelectuales, los artistas, ahí estaba el sujeto que representaba el alfonsinismo. Hoy los proyectos políticos son tres cosas básicamente: las ideas que defendés, el sujeto político que te banca y las batallas que das. Y me dio bronca ese día… es la verdad. Era una verdadera envidia. Es como ser hincha de San Lorenzo y que Maradona se vaya a jugar a Huracán.

El punto más importante es que nosotros, culturalmente, somos lo mismo que La Cámpora. Es decir: yo me siento más camporista que kirchnerista. ¡Santoro te habla eh! Mis amigos por ejemplo son más cristinistas. Yo me siento más identificado con Máximo que con Cristina. Si me das a elegir me voy con los pibes, pero porque culturalmente somos lo mismo. La misma música, los mismos libros, Dolina, el Indio, La Renga, los paravalancha… la resistencia cultural al neoliberalismo fue el rock y el fútbol y esos son los códigos comunes que tengo con los pibes. Eso es muy intenso.

Ya pasó más de una hora de charla. La franqueza y la soltura con la que conversa Santoro sorprende hasta los vecinos que lo reconocen y saludan. Quizás sea un síntoma de que no tiene nada que ocultar, ni siquiera la autocrítica.

– Creo que hubo tres cosas que llevaron a perder las elecciones: en primero lugar un cambio de ciclo político continental. No podemos escindir lo que pasa en la Argentina de lo que pasa en Bolivia, Brasil o Venezuela. En segundo lugar porque los chabones son muy buenos, es una nueva derecha.

Son inteligentes, miden bien las cosas, cambiaron el discurso, cambiaron la estética y le pegaron al clivaje político de la época que era cambio o continuidad. Tienen recursos y los volcaron a la política.
Tercero la torpeza nuestra, la pereza intelectual: les regalamos la bandera del cambio a ellos y la derecha es la conservación. La izquierda en realidad es el cambio. Y la gente vota la esperanza.

Nosotros no convocamos con novedades, no sorprendimos. Y también como torpeza nuestra lo que dice García Linera: no logramos generar transformaciones estructurales. Se modificó la matriz distributiva pero no la matriz productiva. El cambio económico, social y cultural de fondo es cuando modificas la matriz productiva, lo que genera no solo dinamismo productivo.

Y podría agregar que como consecuencia de la inclusión de un sector de la población al consumo hubo un cambio en las aspiraciones sociales del segmento que más se benefició y, paradójicamente, el que más se beneficio votó en contra. ¿Por qué ocurrió? Porque nosotros no incluimos la dimensión del tiempo en el análisis político. La gente cambió, tiene otras aspiraciones y no logramos interpelarla.

Nosotros en lugar de construir un ciudadano consumidor tendríamos que haber construido un sujeto político con más compromiso social y modificar la relación intersubjetiva. Es decir que no logramos reconstruir el espacio público en un ámbito de reconstrucción en comunidad. Al modificar las aspiraciones de la clase media hay una evolución en un sentido neoliberal, en mayor búsqueda de consumo más individualista, mas conformista y eso no lo interpelamos y terminamos hablando solamente a los convencidos.

– Entonces tanto en el 89 como en el 2000 y 2015 ganó el neoliberalismo
– Sí… claro. Nosotros llamamos al neoliberalismo a las ideas de la derecha. Ideas que parten de la premisa de la estructura de valores del neoliberalismo (que empezó en la dictadura): egoísta, consumidor y cómodo que busca que le resuelvan los problemas y se realiza en el consumo material preocupado por sí mismo y ahí se queda. La propuesta nuestra es una propuesta colectiva, solidaria, inconformista e incómoda. Aquella estructura de valores de la derecha no la pudimos desmantelar…
El alfonsinismo intentó una cosa alternativa pero se vuelve a retroceder con el menemismo y Néstor lo que consiguió fue despertar niveles de consciencia en nichos, pero hay un sector importante de la sociedad que sigue pensando como neoliberal, sigue siendo individualista. Y esto pasa en todo América latina, la conocida meritocracia.

– En tan solo uno días compartís escenario con Leopoldo Moreau y Cristina Kirchner en Atlanta.
– El jueves 6 de Octubre en Atlanta conmemoramos el centenario de la soberanía popular. El primer Gobierno que es elegido por el voto del pueblo. Lo que es muy importante, más ahora que Cristina está en la batalla por la libertad, una consigna que debemos recuperar y arrebatársela a la derecha.
Lo primero que se le arrebató a los grupos poderosos y concentrados fue el derecho al voto. Es el reconocimiento de que el otro es un sujeto político y que vale lo mismo que vos, un voto. El voto popular es la primera conquista de la igualdad. Y allí se entrecruza la libertad y la igualdad. La libertad necesita complementarse con la igualdad para ser efectiva. Tenemos todos derechos de ir al colegio, pero si yo tengo que trabajar y vos no la desigualdad hace que la libertad sea un derecho formal y no un derecho real.

Lo que ocurrió en la Argentina es que se le garantizó a todos, a partir del sufragio universal libre y secreto, la posibilidad de votar y se le reconoce a las personas, además, elegir y ser elegidas para ocupar cargos públicos. Es el protagonismo del pueblo en las decisiones políticas. Eso permitió dar otros debates, ampliar la discusión de la igualdad a otras esferas: de la esfera política a la esfera social y ojalá algún día la podamos dar en la esfera económica. Y ahí tenés las tres esferas donde se organiza la vida social: la política, la social y la económica.

La democracia y la soberanía popular es la contracara del elitismo. Por eso la derecha siempre dijo que Yrigoyen fue el primer dirigente populista. En realidad lo que estaban reivindicando ahí era la condición elitista y meritocrática de la sociedad, los que tenían que mandar eran los mejores o los que tenían más guita. La idea de que la chusma se incorpore a la Casa de Gobierno les molestó. Después de la crisis del 30 la sociedad cambia, se industrializa y Perón la interpela.

– ¿Y qué significado tiene que vaya Cristina?
– Para mí es muy fuerte. Creo que Cristina es cada vez más consciente de que el proyecto político que ella sintetiza interpela identidades históricas muy diversas. No le habla solamente al peronismo, inclusive al venir a un acto radical no le habla solamente a los radicales, le habla a todos. Estoy muy interesado en lo que va a decir en el acto.

Creo que hoy hay mucha gente que se siente identificada con Leopoldo y también hay mucha gente que siendo radical se hizo kirchnerista en el devenir de los tres gobiernos. Algunos militan en orgas de identidad peronista siendo radicales, en La Cámpora o en Nuevo Encuentro. Y hay otros que les daba vergüenza decir que eran radicales porque tenían que explicar demasiado, pero con la aparición nuestra lo pueden decir tranquilamente.


Por Juan Esteban Kirchner / Fotos: Fiorella Tomasello
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