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29 de agosto de 2016

OPINION: NO ME PEGUEN, SOY MAURICIO por IGNACIO CAMPOS




No me peguen, soy Mauricio
En una semana en donde todos los indicadores demuestran los resultados negativos del programa de gobierno de Cambiemos, las principales espadas o plumas según el caso que tomemos han intentado por todos los medios instalar la idea de la desestabilización contra Macri. Centran en CFK la responsabilidad por la reacción de los trabajadores ante el presente descalabro de la economía nacional en su totalidad y no ahorran espacio en los medios hegemónicos con esta finalidad.

La filtración del audio del fiscal Marijuán, en donde se puede escuchar sin equívocos posibles, la manera sucia y artera con que opera el Poder Judicial contra la ex presidenta y sus funcionarios y/o familiares es una muestra de ello: de dicho audio se desprende que la idea de máxima es poner tras las rejas a Cristina sin importar el camino que deban recorrer para conseguirlo.

Curiosamente, los medios internacionales dan cuenta de manera permanente sobre lo insostenible que le resultaría a cualquier funcionario, en este caso un presidente, mantenerse en el cargo cuando pesan sobre él tantas acusaciones por corrupción como las que arrastra Macri y su gabinete de ministros, más otros funcionarios de segundo y tercer orden, si estos gobernaran en otro país.

Lo cierto es que ante el desbarranco de la economía, el corrimiento del tan esperado segundo semestre y la no llegada de la lluvia de inversiones, la población que votó a Mauricio comienza a retirarle su apoyo pues no ven ya razones para sostener la espera con “esperanza” de mejora alguna.
¿Pero (La pregunta del millón, entonces, es:) ¿qué puede hacer un gobierno que ve caer en picada la confianza de sus votantes? Claramente, la única salida que tiene es sostenerse en base a operaciones mediáticas que instalen la idea de posible descalabro institucional, llegando a llamar “subversivos” a quienes, en su pleno y justo derecho, salen a reclamar por mejores condiciones laborales o salariales.

La gravedad de este proceder no reside en las palabras que se usen para designar a los  descontentos que se manifiesten, sino más bien en los pasos que van a seguir, puesto que lo cíclico de nuestra historia sólo nos puede llevar, como paso siguiente, a la represión brutal y la persecución sistemática con la fuerza de las armas en connivencia con el poder judicial, que para estos casos sabemos que de justa no tiene nada.

A escasos nueve meses de gobierno, Macri, que venía a unir a los argentinos, consiguió todo lo contrario, ya que la grieta, que es un dato duro de la realidad social y política, no ha hecho otra cosa que profundizarse.
Esto es abonado de manera cotidiana por todo el funcionariado de Cambiemos cuando se ponen a negar a los desaparecidos,  la inflación, los despedidos, el tarifazo y su propia corrupción, cargando todo en la “cuenta” de la pesada herencia. De la misma forma, los Panamá Papers son ignorados sistemáticamente por los operadores periodísticos  pero Lázaro Báez y López no bajan de las tapas y pantallas de los  medios concentrados; Gómez Centurión es el primer despedido por corrupto, pero Macri le cede su abogado personal para esgrimir la defensa en sede judicial, en un todo de acuerdo a los principios morales y políticos con que se manejan en la vida los Ceos que gobiernan la Argentina.

La primera marcha a favor del gobierno de Cambiemos podría tomarse como la muestra más acabada de la falta de respaldo popular que padece Macri, pero esa misma juntada también marca a las claras el odio visceral que destilan hacia el gobierno de los Kirchner y que es inflado por los “comunicadores” Lanata, Kirchbaum, Leuco y Majul, por citar sólo algunos.

El derrotero que elige transitar Macri, en lo económico, político y comunicacional, hace temer por una vuelta al “algo habrán hecho”, que supuso la gran excusa nacional para justificar las desapariciones y los atropellos a los derechos esenciales que emanan de nuestra Carta Magna y que no debieran ser pisoteados ya nunca más.

Así las cosas, lo único que le queda a Cambiemos es agitar de manera incesante el fantasma de la desestabilización institucional para justificar la represión del pueblo y para llegar a ese fin. Para eso ya han comenzado con la campaña de la victimización.

No me peguen soy Mauricio podría ser parte del próximo spot institucional de Macri (o acaso de Gabriela Michetti) con el fin de que abran la puerta a la tan deseada represión brutal contra el pueblo y que certifiquen que es esa es la única manera en que este Modelo “cierre”.

INFOBAIRES 24

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ALFREDO BARROS

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