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12 de agosto de 2016

OPINION: "LA BATALLA POR LOS DERECHOS HUMANOS" por PABLO DIZ


"Los derechos humanos no se negocian sino que se ganan con la lucha"
Un mural que homenajea a las Madres de Plaza de Mayo realizado en el Centro Cultural Leopoldo Marechal amanece grafitteado y el Espacio de la Memoria del municipio de Hurlingham ubicado cerca de la estación de tren es atacado durante la misma noche. La muestra es “Historias de Vida y Militancia”, que presenta cuadros de hombres y mujeres que fueron desparecidos por el terrorismo de Estado.


Las pintadas que llaman “chorras” a las Madres hacen imposible no comprender el ataque en el marco de la puja judicial en la que el juez Marcelo Martinez de Giorgi pidió la detención de Hebe de Bonafinipor no presentarse a declarar en la causa de “Sueños Compartidos”. El ataque contra el pañuelo blanco, símbolo de la lucha por la memoria, verdad y justicia en el país y en el mundo, se relaciona con la política de Estado del actual gobierno que trabaja en reinstalar la teoría de los dos demonios:reuniéndose con organismos que defienden a los genocidas juzgados, a través del vaciamiento del parque de la memoria de Tecnópolis que ahora resalta tan sólo los primeros casos de desaparecidos que fueron denunciados, los genocidas marchando en los festejos del bicentenario, las declaraciones de ex ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido o las que el mismo presidente brindó estos días a la prensa extranjera.
El frente judicial es donde esta política va más a fondo: se frenan los juicios a genocidas (o en palabras del propio Macri se deja de “presionar a la justicia” para realizarlos), se desarman oficinas de investigación forense que aportaban datos en los juicios y se flexibilizan las penas sobre los genocidas. Todo esto resulta en que los asesinos que usaron el poder del Estado para negar el juicio a sus víctimas, comienzan a tener beneficios como la cárcel domiciliaria. Al mismo tiempo, se persigue con carros hidrantes, efectivos y helicópteros a las Madres y se declara en rebeldía a una mujer de 87 años por no presentarse a declarar en una causa que la tiene como testigo.
Esta propuesta no puede instalarse tan fácilmente gracias al contrapeso que significa el largo historial de lucha de los organismos como Madres, Abuelas e HIJOS. Por lo que el pedido de detención de Bonafini y la búsqueda de asociar estas organizaciones con la corrupción se muestra como una necesidad del nuevo relato. Para poder reinstalar el “olvido y perdón”, se debe debilitar y marginar del escenario político el rol que tuvieron, tienen y tendrán las agrupaciones cuya historia se entrelaza con nuestra dignidad como pueblo.

Un relato del pasado y un proyecto a futuro

Incluso antes de que comience el gobierno de la coalición Cambiemos, la derecha asoció el pedido de “unidad” y el fin de los “enfrentamientos” a un cambio de lectura sobre el pasado en el que como sociedad necesitamos “reconciliarnos” con las Fuerzas Armadas en el presente para que estas puedan aportar a un proyecto de futuro: la creciente resistencia del plan económico del macrismo se centra en un crecimiento de la organización popular durante los últimos 15 años.
Las organizaciones políticas están en mejores condiciones que durante los primeros años del menemismo para intervenir y marcar sus posturas. Dentro y fuera del kirchnerismo, los movimientos y partidos fueron encontrando su lugar y recibiendo a la militancia juvenil comprometida por mejorar la situación de los más humildes. Este potencial es, para el nuevo proyecto de gobierno un problema que debe condicionar o contener.
Fueron las organizaciones de derechos humanos las que señalaron como un grave retroceso el decreto 721/2016 con el que Mauricio Macri devolvía amplios márgenes de autonomía a las fuerzas armadas y renunciaba al control civil sobre su accionar. Del mismo modo evaluaron con preocupación la reciente declaración del presidente que convocó a una “participación activa” de las fuerzas armadas en la vida del país. No cuesta mucho relacionar lo que significa la participación activa militar en un contexto de creciente conflicto social.

Ganar la calle
Lo sucedido en Hurlingham no es el primer ataque en lo que va del año: el Espacio de la Memoria Mansión Seré y un mural de Madres en las inmediaciones de Plaza de Mayo son parte de esta disputa del espacio público. Lo cierto es que la presencia de las organizaciones de derechos humanos con iniciativa resulta importante para señalar el nuevo rumbo respecto a los juicios y la voluntad política de torcer los avances logrados en los últimos años.
Haciendo un recorrido sobre estos sucesos: ¿Qué es una grafitteada en un mural del conurbano? ¿Cuánto nos moviliza que corten con navaja el recuadro que narra la historia de un laburante desaparecido? En ningún caso se trata de algo menor sino de una intervención sobre la memoria callejera y sobre los relatos que hacemos acerca de nuestros seres queridos, sobre quiénes fueron los desaparecidos, sobre quienes somos.
Una y otra vez se demuestra que es imposible el “diálogo” o la “unión de los argentinos” si se basa en que renunciemos a nuestra propia historia.
La respuesta a todos estos ataques siempre estuvo en la calle: por eso el abrazo a las Madres pudo más que el pedido de captura a Hebe de Bonafini, por eso los movimientos sociales vuelven a convocarse contra las prisiones domiciliarias a los genocidas y por eso mismo los Espacios de la Memoria vandalizados volverán a restaurarse: porque somos muchos los que estamos decididos a defender nuestras identidades y la memoria de nuestro pueblo, porque sabemos que los derechos humanos no se negocian sino que se ganan con la lucha.

*militante de Patria Grande Provincia de Buenos Aires

FUENTE: notas.org.ar

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ALFREDO BARROS

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