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9 de agosto de 2016

OPINION: EL GLIFOSATO, A DIEZ METROS DE CASA por MANUEL BERTOLDI


A propósito de la nueva Ley de Agrotóxicos provincial

El pasado seis de julio el Ministro de Agroindustria bonaerense, Leonardo Sarquis, tuvo su primer logro de gestión: a seis meses de su anuncio, el ex gerente de la multinacional Monsanto consiguió que el Senado de la provincia diera media sanción al proyecto de una nueva Ley de Agroquímicos. Al igual que la quita de retenciones y el otorgamiento de beneficios fiscales por parte del gobierno de Macri y Vidal a los sectores más concentrados de la producción agropecuaria, la nueva ley está hecha a medida de las grandes empresas productoras de agrotóxicos que hoy rigen los destinos de la producción agropecuaria de nuestro país.
¿Qué ley regula, actualmente, el uso de agroquímicos?
La provincia de Buenos Aires cuenta con la Ley 10.699 de 1988, que regula la producción, comercialización, traslado, aplicación y destino final de los productos agroquímicos y fitosanitarios. Establece que tanto la elección, receta y uso de los productos solo puede hacerlo un ingeniero agrónomo. El Decreto Reglamentario 499/91 prevé numerosos aspectos técnicos, uno de los cuales es el de la distancia de las aplicaciones: en su art. 38, establece que las fumigaciones aéreas se permiten a 2 km de los centros urbanos, pero no dice nada de las terrestres. Esta omisión de en la legislación bonaerense, ha sido fuente de numerosos conflictos y ha habilitado a los municipios a generar sus propias legislaciones. Tomando como base un conflicto entre partes sucedido en la localidad de Alberti, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires sentó jurisprudencia en 2012 impidiendo toda fumigación terrestre en un límite inferior a los 1000 metros del tejido urbano.

CAMBIAMOS: ¿qué dice la nueva ley?

El proyecto de la nueva ley fue impulsado por el senador Adolfo Coll Areco presidente de la Comisión de Ecología, Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la cámara alta provincial. El legislador provincial que en 2013 llegó a la cámara de la mano del Frente Renovador y en 2015 fue candidato a intendente de San Miguel por el FPV, fue el principal articulador para que el ministro de Cambiemos pudiera lograr sancionar la normativa sin ningún tipo de reparos. La nueva ley nace con la excusa de resolver un supuesto vacío legal que hay en la provincia, en palabras del propio Sarquis “hace rato que la provincia de Buenos Aires tiene una deuda con los municipios, respecto a la ley de Agroquímicos, la actual es obsoleta y cada vez se generan normativas municipales en ese sentido, por lo que me parece que la provincia necesita una ley diferente y creo que hay proyectos interesantes que estamos trabajando”
Esta nueva ley, “diferente” e “interesante”, modifica drásticamente el marco regulatorio anterior y desconoce el fallo de la justicia. En principio, se basa en una cuestionada clasificación del SENASA, que divide a los agrotóxicos en cinco categorías según su peligrosidad. IA (sumamente peligroso, muy tóxico, banda roja), IB (sumamente peligroso, tóxico, banda roja), II (moderadamente peligroso, banda amarilla), III (poco peligroso, banda azul) y IV (normalmente no ofrece peligro, banda verde). Esta clasificación surge de las pruebas que los mismo fabricantes hacen sobre los químicos, no existiendo control de las mismas por parte del estado y analizando sólo la intoxicación aguda, sin tomar en cuenta la exposición crónica al veneno. En función de esta clasificación, la nueva ley fija los límites para las aplicaciones aéreas y terrestres reduciéndose drásticamente con respecto a los anteriores. En primer lugar reduce el límite para la aplicación aérea de 2000 a 500 metros, dejando sólo por encima de los 2000 metros a los productos moderadamente peligrosos, sumamente peligrosos tóxico y sumamente peligrosos muy tóxicos. En segundo lugar, reduce el límite para las fumigaciones terrestres a 10 metros del perímetro urbano, dejando por encima de sólo 100 mts, es decir de UNA CUADRA, los productos moderadamente peligrosos, sumamente peligrosos tóxico y sumamente peligrosos muy tóxicos.
Lo terrible de esta nueva ley es que productos de uso intensivo y mundialmente cuestionados como el Glifosato pueden estar tirandose a diez metros de nuestras casas, de nuestras familia e hijos.

Agrotóxicos en el ojo de la tormenta
En 2010 la Red Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados presentó en Córdoba un informe donde recopiló las experiencias de médicos e investigadores de nuestro que revelaban la peligrosidad de muchos agroquímicos que incluso hoy siguen sin considerarse peligrosos. Uno de los investigadores que participó de este informe fue el Profesor Andrés Carrasco (UBA - CONICET), que a partir de años de estudio y ensayos demostró la relación que hay entre el glifosato -un herbicida sistémico de amplio espectro muy difundido en nuestro país- y la ocurrencia de daños durante el desarrollo embrionario. Recordemos que fue Monsato, empresa para la cual trabajó hasta el 10 de diciembre el ministro de agroindustrias, quien desarrolló los cultivos resistentes a glifosato y masificó su utilización por parte de los productores agropecuarios.
La Red de Médicos de Pueblos Fumigados difundió en su informe del año pasado que estudios realizados en más de 25 pueblos, de menos de 15.000 habitantes, en provincia de Santa Fé, Córdoba y Entre Ríos muestran que la primera causa de muerte es el cáncer (30% o más) desplazando por mucho a los problemas cardiorespiratorios (en Argentina la primera causa de muerte es cardiovascular con el 26% y la segunda el cáncer con el 20%); que las incidencias y prevalencias de cáncer en general triplican a las que se reconocen en la ciudades, que los enfermos oncológicos son más jóvenes que lo esperable, que los problemas respiratorios y endocrinos duplican las prevalencias esperadas y que el impacto en salud reproductiva es inocultable.
Aproximadamente 200 millones de litros-kilos de glifosato se consumen por año en la Argentina, generando una dosis potencial de exposición de 5 litros-kilos por argentino por año. En las zonas agrícolas, en donde el monocultivo de soja (y en menor medida de maíz) se extiende en 25 millones de hectáreas en donde viven 12 millones de personas, los niveles de exposición se elevan a 30/60 litros-kilos por persona, por año.

¿Conclusión?

Desconociendo cientos de informes de investigadores, médicos y profesionales que afirman la peligrosidad de los agrotóxicos, el Ministro de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires impulsa una ley hecha a la medida de sus antiguos patrones. Es innegable la complicidad de las fuerzas políticas en la cámara de senadores, que dieron sin cuestionamientos media sanción a la norma.
¿Qué pasará ahora con las familias y los vecinos de los pueblos rurales? ¿Tendremos que tolerar las pulverizadoras pasando por las puertas de nuestras casas, de nuestras escuelas? Es necesario generar una ley de agrotóxicos que fije límites reales a pulverizaciones, que establezca criterios de peligrosidad en base a pruebas propias. Una ley que proteja a la población, una ley en beneficio de las grandes mayorías.

*militante y referente de Patria Grande Provincia de Buenos Aires

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ALFREDO BARROS

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