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30 de junio de 2016

BESO GUIONADO: REVELAN QUE DEBATE FUE ENSAYADO HASTA EL MINIMO DETALLE


El beso que terminó de convertir a Macri en el favorito del balotaje presidencial
El beso más famoso que Juliana le dio a Mauricio, el que le valió el último empujón antes de las elecciones y lo ayudó a ganar el debate presidencial, el que se convirtió en la imagen más repetida de la propaganda del PRO y hasta en materia de análisis para los medios, ese beso, en realidad, no fue lo que pareció.
No nació como algo espontáneo. Fue planificado, meditado, fríamente calculado. Y fue Juliana quien lo propuso. Desde el amor, eso sí. Me lo confirmó el hombre detrás de esa escenificación, Jaime Durán Barba, el principal consultor del PRO. El gurú ecuatoriano me dijo: –Fue idea de ella y salió muy bien. Claro, lo preparamos un poco.
Durán Barba, su socio Santiago Nieto y el discreto Marcos Peña, hoy jefe de Gabinete, estaban entrenando al candidato. Le hacían las preguntas que no debían sorprenderlo, fingían las provocaciones que podía lanzarle Daniel Scioli, ensayaban la postura corporal que había que mostrar en público, practicaban las inflexiones de la voz, el movimiento de las manos y la gestualidad de su rostro. Sereno, firme, sin enojarse, un poco divertido para llegar también a la audiencia más joven, así debía presentarse Mauricio. Ganador y seguro, más allá de las palabras que dijera, porque lo que más importaba –y Durán Barba se encargaba de repetirlo siempre– era lo que se veía por la televisión, no lo que se escuchaba.
Aquello se trataba de un intensivo media coaching, como lo llaman los expertos para darse aires de políglotas. Macri estaba bien preparado para la pelea. Pero, ¿qué hacer con Juliana? Porque ella, claro, también era parte del combo que había que mostrar. Ella lo volvía un ser querible, un esposo enamorado, un padre que se desvivía por los suyos, por la hechicera y la pequeña Antonia, la hechicerita, como ya las llamaba.
Juliana lo hacía ver como un buen tipo, y no como el temible monstruo que describía la propaganda kirchnerista: un millonario insensible que venía a hambrear a los argentinos.
Juliana había ido a los ensayos de su marido y observaba su evolución.
La noche del debate, las diferencias entre un candidato y el otro fueron notables. Macri ganó puntos de entrada con una frase que lo mostraba al mando de la situación, y que le valió los pulgares en alto de Durán Barba y sus colaboradores.
–¿En qué te han transformado, Daniel? –le dijo a Scioli–. Parecés un panelista de 678… El candidato K lo había acusado con el argumento de siempre: que Macri propiciaba el ajuste, la devaluación, los despidos y la infelicidad de todos. Y su rival esquivó el embate y lo dejó en ridículo con una simple ironía.
Mientras Scioli denunciaba, Macri enumeraba proyectos y prometía un futuro mejor. Mientras el ex motonauta se mostraba tenso y agresivo, Mauricio sonreía relajado. Mientras el candidato del Frente para la Victoria apretaba la mandíbula, el del PRO distendía el clima con una broma.
Fue una pelea desigual entre un candidato desesperado y otro que les hacía caso en todo a sus asesores de campaña.
Macri había dominado a su adversario sin demasiados problemas. Pero aún faltaba el final, lo más impactante.
El momento de Juliana.
Cuando el debate se dio por terminado, la hechicera subió decidida al escenario montado en la Facultad de Derecho de la UBA, donde se habían enfrentado los dos candidatos en sus atriles, uno al lado del otro. Karina Rabolini, la mujer de Scioli, estaba a mitad de camino cuando Awada, apurando el paso, ya había llegado.
Macri la recibió con el brazo extendido y ella fue directo a darle el beso. Y qué beso. No como el del civil, que había sido algo torpe por los nervios del momento. No, esta vez Juliana pareció partirle la boca a su marido por la vehemente pasión con que lo buscó. Las cámaras y los 53 puntos de rating se quedaron con ellos. A su lado, Scioli observaba la escena sin entender, con expresión desencajada, mientras le daba la espalda a la demorada Rabolini.
El contraste fue patente.
FUENTE: Diario Clarín

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ALFREDO BARROS

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