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22 de marzo de 2016

EMPRESARIO NECOCHENSE IRA A JUICIO POR EXPORTAR ESCLAVAS SEXUALES DE MAR DEL PLATA A MADRID


"No podíamos salir, era estar esclavizadas"

El caso de Luis Germán Ituarte es quizá el más paradigmático y claro en la historia reciente de la explotación sexual en la Argentina. Empresario, de 45 años de edad, nacido en Necochea pero con operaciones en Mar del Plata como una agencia de autos, Ituarte fue sometido durante 2013 y 2014 a una extensa investigación a cargo del fiscal federal marplatense Pablo Larriera, coadyuvado por su colega Marcelo Colombo.
En noviembre de 2012, siete mujeres oriundas de la ciudad costera llegaron "nerviosas y alteradas", según un informe oficial, al consulado argentino en Madrid. Habían logrado escaparse del Club Mirador, un bar y burdel de luces rojas sobre el Paseo de la Ermita en la zona de Pedrezuela de la capital española. Allí, denunciaron a Ituarte y a otros tres presuntos cómplices, incluida la hermana menor del empresario, Andrea Fabiana. Bajo promesas de mentira y maquinaciones, Ituarte, de acuerdo a su relato, las había llevado al otro lado del mundo para prostituirlas entre algodones y presuntos lujos a cambio de cifras jugosas en euros. Al llegar, el trato fue decididamente otro.
El 17 de abril del 2015, Larriera y Colombo cerraron el expediente contra Ituarte y lo elevaron a juicio con un documento de más de cien páginas de prueba. A ambos funcionarios no les tembló el pulso para imputar a como "co-autor del delito de trata de personas para explotación sexual bajo la modalidad de captación y transporte", al artífice mayor de la trama.

La necesidad tiene cara de esclava: qué declararon las víctimas
Los perfiles de las presuntas víctimas son distintos entre sí, pero todos marcados por la vulnerabilidad. La mayoría de ellas eran madres solteras, algunas con hijos ya adolescentes y apenas tenían estudios primarios completos. Casi estaban desocupadas al momento de la llegada de Ituarte; una sola tenía trabajo de vendedora en un local. Era, por lo menos, una audiencia cautiva.
La madre de dos de las víctimas, la misma que fue amenazada, relató el comienzo de todo, con una visita de Sama a su casa. "Vino una o dos semanas antes de que se vayan para España a ofrecerles trabajo, que iban a ganar aproximadamente 500 euros por día, la acompañó a sacar el pasaporte... le dijo que el hotel era un lujo, que iban a tener una habitación con dos camas, una computadora para cada una, baño en el interior de la habitación y una caja fuerte".
"No podíamos salir, era estar esclavizadas", relató una de las víctimas.
Seis de las mujeres aparecieron en la zona madrileña del Molar a las 2:30 de la madrugada el 20 de noviembre, en la puerta del Servicio de Protección Civil. Lo denunciaron todo, entre nervios, afirmaron que trabajaban como prostitutas en el Mirador, que habían llegado a España hace veinte días. En el expediente abierto por la Guardia Civil española, surge que afirmaron que la persona que las trajo "no les dio dinero alguno por su trabajo, dándole el dinero necesario para sus necesidades básicas, continuando con amenazas de no dejarles salir del Club bajo ningún concepto".
Ya en Argentina, el relato continuó: "La primera semana que Luis no estuvo era todo perfecto, llegó él y ahí fue cuando empezó todo el calvario. No podíamos salir, no podíamos nada, era estar esclavizadas ahí adentro y si nos hacíamos nada nos amenazaba. A mí me amenazaba llamando acá a mi mamá, poniéndola nerviosa, diciéndole boludeces".
"Francisco", un joven encargado del Mirador, les marcó la ley: debían pagar 50 euros diarios por la habitación, seis por las sábanas no por día sino por cada cliente. Toda la plata que hicieran sería en un 50 por ciento para Ituarte. Usar el televisor salía 3 euros diarios, si querían el control remoto, otros cinco más. Si un cliente quería que tomen cocaína con él, debían hacerlo. El dinero de los pases no aparecía en sus bolsillos. Simplemente no les pagaban.
"No vimos un peso", aseveró una de ellas. "No tenía libertad para entrar y salir del lugar", dijo otra. "Nos tenían como prisioneras. Desde que llegué nunca salí del lugar hasta que me escapé", surge en otro testimonio. Una se atrevió a salir fue severamente castigada por Ituarte. Otra incluso le dijo que quería salir, que era su cumpleaños. El empresario, según el relato, la encerró en una oficina e intentó golpearla. "No te olvides que tenés dos hijos", le marcó Ituarte: "No te hagás la viva porque yo mando acá y si no van a pagar tus hijos". Otra tuvo que esconder su pasaporte ante los repetidos pedidos del empresario para que lo entregue.

FUENTE: infobae


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ALFREDO BARROS

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